Yordan Arroyo (1995). Filólogo graduado de la Universidad de Costa Rica. Docente Universitario e investigador académico. Presidente y Director Literario Nacional de la Unión Hispanomundial de Escritores, Costa Rica. Compilador de las antologías: “Voces en el aire” (en proceso); Sin dolor en la garganta (en proceso); Primera Antología de Literatura Infantil Ramonense: Niños y Niñas Héroes en Tiempos de Pandemia y Los Gritos de Medea: Violencia de Género en la Poesía Feminista Costarricense (2020), donde también realizó el estudió introductorio. Realizó el prólogo y análisis literarios en la Primera Antología Poética Puntarenense (1990-2019). Ha sido publicado en diferentes antologías, entre ellas: Antología de Poesía Joven. Nueva poesía Costarricense (2020); “Siempre un Girasol. Antología Colectiva” (2020) “Mitologías del río: Transformación” (2020) y “Sexta Antología de Escritores y Poetas Latinoamericanos de la Red Némesis en Perú” (2020). Además, posee publicaciones en Antologías Poéticas Internacionales y distintas publicaciones en revistas académicas, literarias (Taller Igitur, Quimera, Cardenal, Atunys Poetry y Liberoamérica) y en periódicos tanto a nivel nacional como internacional. Editor y jefe de revistas académicas y literarias en España, Perú y Costa Rica. Ha sido jurado en concursos sobre poesía y cuento. Es Miembro de Poetas del Mundo, Colectivo Faro Cultural, Puntarenas y Grupo Literario Poiesis. Ha recibido distintos premios y galardones nacionales e internaciones por su aporte a la cultura costarricense. Brinda talleres literarios a niños. Por último, desde el 2017 ha participado como investigador en 35 congresos, simposios y encuentros a nivel nacional e internacional, figuran invitaciones de la Universidad de Murcia; España, Universidad de la Plata; Argentina, Universidad de la Habana, Cuba y la Universidad Nacional Autónoma de México. Además, fue invitado de honor en la Pluma de Oro, Perú, 2020. Pronto a publicar su primer poemario e iniciar estudios de posgrado en España.
 
 
 
Misterios del abismo
Hay pozos insondables
dentro del alma.
Herberth Contreras
 
El alma contiene lo que no contiene
el
más
allá
si acaso existe el más allá.
 
Alma y vida
comen en la misma mesa
como poema y dolor
firman pactos y treguas
para que las palabras lloren
al chocar contra los trenes
que se marchan
                                    para
     no
                                                                      
    volver.
 
Cuando le encontré el clítoris al abismo
se resolvieron mis acertijos,
sin embargo, todas las mañanas
asomo mi rostro donde murió Narciso
y le pregunto:
¿Dónde
está
tu        
alma?
¿Acaso en el pozo donde nadábamos
cuando éramos titanes y no le temíamos al mar?
 
 
 
La filosofía del profeta
           
 
I
Pensar en filosofía
es pensar más allá de las letras.
los átomos
la vida
la muerte
y mi nombre mismo.
 
                                                           II
Es pensar en el agua
donde nadaban los profetas
cuando fueron peces
y no sabían utilizar el lápiz
ni mucho menos el papel.
 
II
Es abrir la mente
más allá de lo infinito
para crear estrofas
que no den respuestas,
sino preguntas
para interrogar a Dios.
 
 
¿PAZ?
 
¿Existe la paz?
Se preguntaron mis palabras
antes de ser silenciadas
Busco y busco
en el diccionario del cielo
para encontrar la palabra
que dé fin a las guerras.
 
¿Acaso somos ángeles y demonios?
 
“En el fondo sonó un disparo
  y el papel donde escribía
  menstruó por todo el planeta”
 
 
 
CONSEJOS SIN NOMBRE
                                               
Dejar de sentir
es coserse el alma en un billete.
Nunca te metas al mar cuando haya olas
dijo la ballena, antes de sumergirse.
 
¿Por qué tienes miedo?
Preguntó el mar, antes de perderse en la arena.
 
Nunca calles cuando el espejo se quiebre
dijo el día, antes de convertirse en grillo.
 
¿Por qué tiemblas?
Preguntó Dios, antes de comprender mi dolor
y convertirse en palabra.
 
 
La tierra del labriego
 
Mi abuela me contaba que antes,
en tiempos de oro, no mataban mujeres.
 
 Vivir en un suelo que no conoce el ruido de los tanques,
bajo un cielo que no sabe qué es un misil,
con unas montañas que bajan para darnos de comer
dicen los versos de José María Zonta,
pero yo me siento en la tierra
que aprendió a hablar del silencio
o el silencio aprendió a hablar de ella
para darnos a beber cervezas “pura vida”.
 
Despierto con el sol en mi frente
duermo con la luna en mi garganta
respiro la blancura de mi pecho
y me ahogo con el aire de esta Suiza.
 
Vivo en Costa Pobre
o Costa Pobre vive de mí
dispuesta a llenar de mitos
la canasta básica de los indígenas
los impuestos de los labriegos
y el pago del seguro de los sencillos
que murieron de COVID-19
sin salir de sus casas.
 
 
Olimpiada de amor
 
Los dioses corren la cortina
que tapaba la herida
y yo solo siento a mi pecho
interactuar con el plomo.
 
No sé si estoy soñando
solo sé el significado del amor
derramado por las estrías del vientre.
 
Me volví a enamorar,
pero esta vez
de las cicatrices del rostro
que ya no necesita maquillaje.
 
 
Ritual a Marte
 
 
Ave Caesar, morituri te salutant
(Ave César, los que van a morir te saludan).
Mojo mis dedos en alcohol
para iniciar el espectáculo:
    *
    *
    *
muere la primera letra
por falta de un cargador.
                                               *
                                                           *
                                                                       *
Continúa la batalla
fallece una estrofa
picada por una mantarraya
de especie rima.
      *
*
                             *
Viene el tercer muerto
el poema
por falta de críticas
y exceso de halagos.
    *
Todos los cadáveres son lanzados al mar
 
*
                        termina la naumaquia
 
 *
y comienza el ritual a Marte.
 
 
Ya no pidas perdón
 
 
Ruego no tener que pedirle permiso a mi esposo y perdón a Dios.
Ruego no verme obligada a pedir el respeto que merezco y recibirlo de todas maneras.
Sobre todo, ruego dejar de rogar y que se termine el: “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.”
Jennifer Rojas
Se me dañó la tecla borrar;
ya no quiero borrar el dolor
el olvido
los castigos
ni la sangre
que hoy me bebo por las noches
al recordarte
hecha un nudo entre las sábanas
pidiéndole perdón a Dios
por haber parido un poeta.
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