Santa Rabia Magazine presenta una selección de poemas de Yolanda Westphalen preparada y comentada por el poeta peruano Víctor Coral.  Yolanda Westphalen (1920 – 2011) fue una poeta y filósofa nacida en Cajamarca, Perú. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y se doctoró con una tesis sobre Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Se desempeñó también como periodista, publicando artículos en El Dominical de El Comercio. En 1999 le fue asignado el Premio Internacional “Gabriela Mistral”, en reconocimiento a su obra poética. Publicó nueve poemarios en vida y, de manera póstuma, tres conjuntos más de poesía, aparecidos en su Obra Completa (2018) publicada por la UNMSM. De su trabajo poético, el gran filósofo y estudioso de la poesía Mariano Ibérico, dijo: “La poesía de Yolanda Westphalen está inspirada en el hondo sentimiento estético de lo lejano. En ella se perciben desdibujados en el distante espejismo de lo inasible, los horizontes que confinan con el sueño y que nos invitan a emprender el viaje lírico hacia las regiones de la maravillosa e indescriptible realidad.” El fino crítico literario y lingüista Alberto Escobar, por su parte, afirma lo siguiente:
“Poesía de revelaciones, proyecta su luz para descubrir los símbolos entrevistos en el contorno humano que entrega su misterio, y, que al hacerlo, nos compromete en su desvarío mágico, en su renacimiento solitario y silencioso, y en la explicitación de un modo de conocer…”.
 
Los poemas que he escogido para esta muestra intentan reflejar lo expresado por estos críticos, por un lado, y a la vez atestiguar el interés genuino de la poeta por la palabra, el silencio y la muerte. Los textos elegidos deben hacernos recordar a Yolanda Westphalen como artífice del poema breve, un artefacto poco estudiado en la poesía peruana.  
 
 
 
 
XXII
 
 
Violetas oscuras
nacen
sobre el perfil de la tarde.
 
El silencio es agua fresca
Sobre el temblor del follaje.
 
 
—De Palabra Fugitiva (1964).
 
 
 
3
 
Ya no me gusta pensar ahora solo acaricio
las palabras
las trituro
ellas curten mis manos
en soledad
he aquí el paraíso y el infierno
la culpa y la gracia enmohecidas
amortajado está el grito y el éxtasis
ingenuamente la rosa emerge autoritaria
entre el cilicio y el barro
y la belleza prevalece opresiva
formando un círculo de austeridad
que aprisiona y fenece la palabra.
 
 
 
27
 
Restaura de nuevo el universo
en lamentaciones sin fin.
Se tambalea el alma.
No hay nada que asir en años
consumidos.
Siempre es tarde.
 
 
 
39
 
Lee mi escritura que lo piensa todo
en la pregunta que es respuesta
en el olor de la miel y la palabra
mientras arden en sed vencidos
en agresiva soledad creados
alta tu fe y tu esperanza
muerde tu dolor y tu premura
porque la sed se sacia con lo eterno
y la vida se olvida
en su atadura.
 
—De Universo en Exilio (1984).
 
 
 
3
 
Los árboles se yerguen
verticales
ígneos
sobre la tierra
húmeda de nostalgia
 
 
5
 
la lejanía de las rosas
la percibo
desde lo alto de una palabra hecha silencio
 
—De Graffiti (1999).
 
 
13
 
Y el silencio de la muerte
a horcajadas
sobre mi sed de ser
desmesurado



14
 
Velocidades, objetos, recuerdos
formas de la forma mía
desandando la esperanza
mi dolor en amor
se vuelve
árbol
 
 
 
15


Soy la dinámica alucinante
del viento
 
 
17
 
 
El mundo es un laberinto
tatuado
en mi cerebro.
Soy tan distante de la verdad
indubitable
soy sin ser
a una sola forma asida
soy un muñón de mano estremecida
que la vida envejece
en un silencio hambriento de palabras.
 
 
 
 
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