Presentamos tres textos de la poeta argentina Yanina Audisio (Río Cuarto, Córdoba, 1983) pertenecientes a su más reciente publicación “Cielo sobre el charco” (Salta el Pez Ediciones, 2019). Yanina es licenciada en Psicología y magíster en Salud Pública. Cursó un año de la Maestría en Escritura Creativa de la UNTREF. Escribe poesía y narrativa. Se ha desempeñado como correctora de textos literarios, científicos y de divulgación y realiza traducciones de poesía en lengua inglesa. Coordinó el grupo Las Puntas del Clavo, organizando presentaciones de textos literarios con formato escénico. Es responsable del blog sobre difusión literaria Inventar un pájaro, donde publica textos difíciles de conseguir y traducciones en español de poemas en inglés. Ha publicado los poemarios “La noche en los perros” (Expreso nova, 2013), “La boca y su testigo” (Primer premio 7mo Concurso de Cuento y Poesía “Adolfo Bioy Casares”, Municipalidad de Las Flores, 2013) y “Piedras, papeles, tijeras” (Ediciones en danza, 2016), “Bajo poncho” (Al filo ediciones, 2019) y “Cielo sobre el charco” (Salta el Pez Ediciones, 2019).


LAS ESTACIONES Y EL RUIDO
 
Creímos habitar esa parcela
bajo las estaciones y el ruido
o la habitábamos sin preguntas
no hacía falta más que trazar
eso que parecía el dibujo
de las formas del mundo.
Los dedos manchados de hundirse
en la tierra para hacer la tierra
eso era eso porque
se pegaba al imperio del apuro
como un imán entre unos ojos
y otros ojos se abrían dentro
de lo que creíamos.
Estallaba la inundación y la llamábamos
lluvia.
Para bañar las lenguas con algo que fuera
por un rato
ajeno al íntimo reconocimiento
que creíamos cerrar entre las manos
o que entre las manos cerrábamos
escurriéndose y la risa.
Lluvia
eso que son formas difusas
eso inalcanzable era un lugar y cuánto
eso salpicando dejaba
mojado
subiendo y hasta dónde
se pierde
se perdió
eso irrecuperable que era
y ese lugar que voy viendo
turbio
que por verlo lo desmiento
con la razón de la sospecha.
Eso
que subió hasta perderse
prefiero llamarlo
gestos
confusiones
lo que creíamos prefiero llamarlo
sospechoso
lo que yo decía y vos creías entender
lo que vos decías y yo creaba
prefiero desmentirlo
y llamarlo
sospechoso
para que la confusión de caer me deje
parada
por fuera de las estaciones y el ruido
porque bajo ellos ya no puedo
bajo ellos no soy
no existo
dentro de lo que creímos
olvido por qué el agua ahí y la risa
parcela donde estallar la inundación.
La llamábamos
lluvia
al pronunciarlo nos pronunciábamos
y éramos menos solos en la mojadura
con su música que es ahora sospechosa
distante
donde caigo igual fatal dispersa
en la ferviente exclusión de las cosas
a las que dimos mundo
por creer que los cuerpos que tuvimos podían
lo que podían.
Estallar la inundación y llamarla
lluvia.
 

 
PAISAJE
 
Con dos pares de pies
puede empujarse un montón
de resaca de una playa
pedacitos de cosas que estuvieron vivas
piedras que fueron gigantes
expulsiones del vientre
de volcanes muertos
sustancias digeridas por bestias pequeñas
ajenas a nuestra comprensión
en la medida en que respiran del agua.
Con dos pares de pies
puede moldearse una pila de resaca
mover ese montón de grandeza hecha polvo:
el origen de una isla que no quisimos conquistar.
Y hoy que el viaje termina esta noche
no podremos juzgar lo que acopiamos
con la torpeza y la maestría de los pies
no podremos negar la tierra en su ejercicio.
Solo queda lastimar los dos pares
empujar por su lado la resaca del mundo
perder el índice el volcán la piedra el pececito.
 

 
HACER LA TIERRA
 
¿Cómo el granizo volcánico del mundo
no caería sobre ellos?
Habían interrumpido los ruidos
el latido menor de la granada
el chirrido de dientes en la rabia recién adquirida
Habían puesto los cuerpos a callarlo todo
una estrella que cae
dos caballos blancos contra el parabrisas
Habían prestado las manos para detener el temblor
insectos extintos ardiendo en arcilla
en plena tarde la risa y la tos de un dios distraído
Habían hecho de nuevo la tierra
¿Cómo la espuma corrosiva del mundo
no caería sobre ellos?
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