Presentamos nueve poemas de Virginia Benavides ( Lima) , algunos de los cuales son inéditos y han sido cedidos exclusivamente para Santa Rabia. Virginia es Bachiller en literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Publicó el poemario Esxtrabismo (Chataro Editores, 2003), el poemario objeto Sueños de un bonzo (edición de autor, 2013), el micro poemario aeiou en formato giratorio (Amaru Cartonera, 2015) y el poemario Ejercicios contra el Alzheimer (Andesgraund Editores, 2019). Además ha publicado dos selecciones de sus poemas: Sienda (Vagón Azul Editores, 2018) y  Zurcido Invisible (Andesgraund Editores. Chile, 2018).  Sus poemas han aparecido diversas revistas del medio y blogs virtuales y participado en diversos encuentros y festival como ponente, performer y lectora.
 

Levedad de la nada que se torna
Canto inquieto, prisionero de la forma
Voz artrítica en la mano que deforma
Vacío óseo, poema que no adorna
 
Alba y silente en fronda lacerada
Despliegue dómito, condensa esperma
En añil perficie súper hada                                                               
                                                                   
Así escritura se ha arrojado
Rauda y sin causa que la afane
Estrábica en el desborde y el izamiento
Escarbando la raíz del ala inane…
 
(de Esxtrabismo, 2003)
 
 
IMÁGENES DE LA ENTERRADA
 
Y más he de huir de mi razón
De mi verdad bien servida
De mis brazos abrasivos
Y más he de encontrarme
 
 
La cruel. La que ama los rincones orillados. La victima de sí misma.
Cicatrices como lombrices vivas arrastran su fosforescencia en la memoria.
Dolor de la parturienta. Neuronas supurando detrás de la sutura.
Nacimiento de una idea abortada la víspera. La condenada y su re cuerdo
 
Muda vacía jirones de incendiadas palabras
 
Toda la soledad de ser perseguida por un rostro de trizada ave.
Toda la sensación de triturada lengua. Odas interiores que no salvan nada.
Destellos de incendio. Veladas imágenes que poseo.
Monstruosidades mías que no dan miedo.
 
Aletazos en la desesperación
 
Entrañas donde el corcel se pierde, Bosque encantado. Tan roja y cristal tus ramas, tus descensos. Todo enredado el pez boquea. Todo redada el pescador fosea. Anzuelos que tiendo mientras espero. Corcel hundiéndose en un mar de lágrimas que salpican tus hojas.
Entrañas para los perros.
 
Corazones disolviéndose en la cal de la fosa común
 
Todo es lo mismo. Oquedad de nuncas y siempres todo extremo en el centro es un despecho.
La garza o el equilibrista ciego a orillas del estanque o al filo de la cuerda.
Todo es lo mismo. Salvación del vacío: El deseo es siempre hambriento.
 
Ángeles caídos en la fuente de los deseos
 
Han llegado. Cometa o pájaro sus transfiguraciones. Rumor húmedo en el sexo, sus mutaciones. Han llegado. Tuvieron sed. Sus manos escarbaron las arenas.
Latidos de agua entre las dunas ¿han llegado?
Alas envejeciendo en la fuente riente hablan del tiempo. Las tardanzas.
 
El sonido: saltado de tímpano para la muerte
 
Come sordera. Oído al tañido desteñido. Yanta sordera.
Que liberen los golpes secos. El desliz de un cuchillo al cortar la lengua.
El rayo que incendia mi cuerpo de madera. Que respiren afonía todas las palabras. Mudanza de voces, Llanto yanta sordera
 
Marioneta catatónica besando el aire
 
Mi titiritero envejece. Se le enredan los hilos, se duerme en otro cielo, olvida cuidarme.
Muchas mañanas amanezco inerte, desesperada, mirando el cielo raso fijamente.
Cuando se habla de las palabras siempre los nudos son difíciles de desatar: Se demora el poema
 
(inédito, 2005)
 
 
BOTELLA BORRACHA
 
 
Perdida
Como una cirugía para erradicar los sonidos de la agonía
Desvío mi trayectoria de bala en pistola de juguete
Porque nada es verdad pero tampoco mentira
En mi ciudad de manantiales habitada por un loco hidrofóbico
Donde arranco mis pasos de su piel alunada
Pervirtiendo la crisálida a ser seda en la danza
 
¿Qué camino lleva el caos disfrazado de mi cuerpo?
¿Qué rastro mudo agota la búsqueda de la palabra?
 
Vértigo amarillo, mediodía incendiado
En los espejos ahumados de los cuartos ambulantes
Donde no hay argumento ni sorpresa
Para mi extravío, mi flotación, mi perdición
Voy cosechando en el cemento fértil
Mi propia noción de cauce sin causa que navegar
Porque el río que buscamos nace en nosotros
Y se prolonga sin lastre metafórico en las palabras
Que nadan como peces en la nada universal
 
Aprendiz de pescadora que no sabe de anzuelos
Naufraga con balsa en las aguas del lenguaje
Avanzo, iluminada por mi ceguera
Estremecida como después de un electroshock
Girando como botella borracha mi boca manda
Acabar con el juego de las interrogantes
 
-¿Qué desborda y qué ahoga cuando el verso no berza?
-¿Qué mensaje guarda esta casa de vidrio blindado?
-¿Qué orbitas deambulan los ojos para crear la mirada?
-¿Qué precisión diamantina acecha la vena para llover la metáfora?
-¿Ciudad burbuja o nube de acero habita tu voz?
-¿Qué mano gira tu transparencia y la opaca?
 
En este juego… ¿quién responde?
                                      
 (de Exstrabismo, 2003)
 
 
                                        
Lo que quiero decir es pérdida sonda, zurcido invisible de un escombro de corazones en la fosa común en la voz de la muchacha azul, detenida en el umbral como costurera de un afuera imposible. Abrasivos brazos en jirones de voces. Palabras como hueras semillas que pájaros de fuego recogen para el nido de malezas que se ha vuelto ruido. Como aquel animal que se acerca a oler lo que entibia y se acurruca en sí para abrigarse de ti. Ella contempla el alboroto de nubes en desvarío y se prende al fuego artificial de una espera de brillo ido.
 
Lo que quiero decir es un escombro, una estación de desamparados y un tren averiado, un lugar que no existe sino para la vida imaginaria de un amnésico. Cuántos dolores tuviste que curar para llegar a este pozo antiséptico y que ocurra la rendición, el arropo interminable que te calme del ataque, el tiempo detenido para renacer en incendiario y adentrarte en la herida para drenar lo infecto. Cuánta sangre sin correr para nadie, para el fantasma que se inocula en tu ojo y lo extravía en otro, cuánto grito amordazado y cuánto acalle que el miedo te ha dejado. Cuántos derrumbes tuviste que vivir para llegar a este construir palabras como muros de contención para este rebalse de sentido.
 
(de Sueños de un bonzo, 2013)
 

Ocultarse en fragilidad para no delatar lo que consume: incendios rojos de pena y hastío y rabia encenizándolo todo. Nadar en nada. Asolar campos semánticos para desaparecer la voz de las raíces. Una puerta en la niebla esconde su cerrojo. Loco bus hacia los paraderos ocultos por la ley de los desvíos. Diamante de espuma para un visceverso encuentro con el gris trino de tus veredas. Barrendera del alba, tus mudanzas y deleites en las hojas caídas de lenguaje amarillo, tus conquistas de aire puro en los parques recién nacidos, tus plumas insulares cosiéndote al día. La casa abandonada del que te besó por primera vez, la vereda agrietada y las calles de tierra muerta en que tomas el bus de un sueño que se sumerge en este amanecer insomne. Precaria vida estos roces, este azul hallado para ahondar el pozo y mantener supurando la herida o cicatrizarla. Dolor de ser, vergüenza. Una luz radiografiando el abandono de haberlo contemplado todo. Un desahucio y una vuelta de tuerca en el filo de las cuerdas. Ángel cayendo en vuelo: una luz abrazando la niebla y tus máscaras intervenidas por las muecas del fuego.
 
(de Sueños de un bonzo, 2013)
 
 
¿Quién agita las aguas y convoca a escarbar en el origen una respuesta al ruido consumándose?
¿Qué voz ancló sentido en este desierto de aguas estancadas como un desquicio?
La ciudad y su fiera calma en tus ojos de sal, la escafandra en el corazón y un rumor a herrumbre en los anclados umbrales donde mis ancestros bebieron la tarde en balsas naufragas como los sueños insomnes.
¿Quién enloda los cauces y se pasea como bufón en mi cabeza de mar muerto?
No sabemos de dónde viene el miedo pero se ha colado en nuestras ruinas y pervierte risa en nuestros hijos, no sabemos que arrastra este viento fecundo pero si el escombro que nos ha dejado como casa, una ciudad sumergida y tesoros saqueados, una mano que mece una cuna de ausencias y el eco seco en este accidente de habitaciones vacías.
Hemos oído del deseo por partir en las estaciones, de barcos negros y peces en las espaldas, de olas en los ojos de las muchachas nadando desconsuelo y perdición en las esquinas como una palidez repentina o un boleto vencido en el cine de tus sueños.
Oralidad de mente en sordomudo, imaginería de espectros, hemos oído de este sepulcro abriéndose en nosotros para exhumación de niños idos en vuelo de globo.
¿Quién nos susurra antes de abrir la puerta y nos encierra en el miedo de ancla rota?
La ciudad como espejos de añicos y esquinas volteadas a callejones sin salida o rincones lumínicos donde una risa de hiena nos recibe con su máscara de algodón dulce. Nadie sospecha el carnaval que hay dentro pero todos vuelan enajenados en los bares de peces muertos, como polillas en pos de luces falsas como el amor de los gatos. Nadie sabe encontrar una pluma y coserse alas y ser feliz como una tribu salvaje.
¿Quién agita las aguas y nos retrae en el hundimiento como un arpón de abismos?
Nadie responde porque no hay nadie. La voz es una estratagema nadatoria para alargar el naufragio. El ruido y las palabras hacen una ola crecida que con la última marea ya consumó mi cabeza de fuego. Estoy aguardando para adentrarme pero eso mismo piensa el mar y ya no sé qué es adentro ni afuera. Estoy ansiando un asombro de peces coloridos para no extinguir mi espera de calma.
¿Estás jugando a las escondidas contigo?
 
 (de Sueños de un Bonzo, 2013)
 
 
Un río subterráneo recorre todos los desiertos. Son las venas de un cuerpo abandonado a todos los abrazos radioactivos o solo la constatación de una sequía que asola como una plaga en nuestro intrábico transcurrir. La ciudad es un descierto más hondo y solitario que el mío. Nadie comprende los pasos del que huye dibujando razones para quedarse o las cercanas calles donde en las esquinas acechan las culpas y faltas incurables. La desesperación me ha arrojado a mi suerte. Ya no espero consuelo ni compañía. Soy un monstruo y como tal he de vivir mi propia vida por dentro. Nadie mira adentro. Un río subterráneo que canta y donde navega un corazón de arena que se decanta en las manos del sol, mi titiritero. La belleza solo es un viento azul o espejismos de estatuas sin rostro. Soy hermoso cuando sueño y sonrío. El río adentro canta y me adiestra en el arte de no necesitar. Algunas noches un grito de ciudad me recuerda que soy tan solo un niño que juega con su máscara a las escondidas y reza para que nadie lo encuentre. No sabe que nadie lo busca. Un río interior fluye en esta melancolía de monstruo o niño triste. Sus venas en latitud oeste trazando una cartografía de fuga me susurran el mar. La ciudad se funde en mis pesadillas. Voy a despertar. Sumersión.
 
(de Sueños de un bonzo, 2013)
 
 
 
 
Pabellón B Este
 
Las lesiones del lenguaje, la lengua que tritura silencios, los destilamientos del asombro en barcos anclados, la pena que despena. Incidir y exceder las palabras supurando lo indecible. Las estancias de la cicatriz, la costura que se deshilacha como la vida ¿Qué vida?  La que escuece, la que cavas, la que navega estando quieta, la que abordas a todo babor, la que no sabes de qué se trata, la incurable, la de pájaros restauradores de los cielos que tocaste, la imperdible, la que es comarca arrasada por bandos contrarios en tu mente y la que se erige isla sitiada por los anhelos como peces transparentes y escurridizos. La entubada, la de cuidados intensivos, la que se interna para nunca más salir sino es volando, fugando o reinventándose. La de adentro, la vida ida.
 Y así se cuaja el silencio en ejercicios de lenguaraz, así se retira la venda para no ver y por fin mirar lo que navega. Así ibas rumiando el rumbo mientras atravesabas el pasillo en una camilla como una barcaza de entre guerras. Los peces como pacientes en los umbrales de los cuartos te saludan e invitan a desembarcar. No quieres. Así debería navegar sin puerto te dices, mientras el enfermero no sabe si vas a endocrinología o a siquiatría y relee la orden médica.  Sonríes. Todo es comprensión de lectura pero somos pésimos actores que llegamos en un río paralelo a otra isla, a otro puerto que se deconstruye apenas lo tocamos con el anhelo de quedarnos. Fluimos como el antibiótico dorado por nuestra carne adorada por algún gusano pasajero, no deseamos permanecer más que lo que desaparece en el suelo soleado el escupitajo. La maroma médica como un aplazamiento, un zurcido invisible para lo incurable, este decir que se escurre por el sumidero de lo eterno, poesía caudal, remedio vencido, manos de mamá palpando la fiebre, poesía, recién nacida, sollozo sin consuelo, naufragio interno, ah poesía…
 
(de Hospital del niño, inédito)
 
 
Trazo de serpiente, escritura en la arena. Las ondulaciones del ser y las espirales hacia renacer. El amor como una canción lejana. Volutas de aspiraciones celestes. Escombro de corazones en la fosa común. Rasguño del viento en finita raíz, reptar perdura y refugiarse en malezas para olvidar. Escribir venenos. 
 (de Descierto, inédito)
 
 
Todos los horizontes conducen a los ojos de tu madre. Lo frágil en su transparencia oculta infinitudes marinas. La dulzura en su temblor de fuente, aquel primer latido y la succión natal. Todos los caminos anuncian un retorno. Madre alumbrándome la ruta como una cómplice con su lámpara de amor cubriéndonos la fuga. 
 
(de Descierto, inédito)
 
 
Punzón del verano que calaste mi desierto como un stencil callejero. Herido de ese sueño yazgo en esta duna esperándote. He cavado un círculo de sol como casa y me he sentado dentro. Una pluma bajo la almohada y un oasis de silencio, curitas de insolación. Revelado de cielo, proyecto de ausencia. Todo se fosiliza. Despierto.
 
(de Descierto, inédito)
 
 
VIAJE A LOS CAMPOS SINFÓNICOS (ESCENAS DE UN DOCUMENTAL FUTURO)
 
 
*
Cortes en inquietud penetrando la carne, la debilidad en asumir un roce para la estirpe de ojos, lebreles transparentes que en los campos ladran al ganado de nadie. Reses en estampida hacia la mano del verdugo que agazapa su homicidio en un caldo desazón y se beneficia de los cueros que prometen ahuyentarlo del frio. Cortes en cuencas vacías, inquietud de vuelo en el ardor del filo.
*
Radares azules y filtros solares acercan aroma a tu flor, musitan silbido a tu raíz y siembran la nación de la perdura en tus hojas, una verde claridad de ojo de agua en tu espera. Electromagnético sol que revive lo soñado. Caída de agua en los sembríos de la Luz.
*
Un respiro tu azul, un viento que mezcla contento y ave en la danza de los pajonales. Los cautivos arrancando lajas en los umbrale y cantando huaylillas para contentar a las mujeres que preparan la cena, encenizadas y con apenas tiempo para toser y decirse tú
*
Extrañamiento y conjunción de hormigas recorriendo el adobe en caseríos abandonados donde se plantan cerillas. Los campesinos incendian los campos para engendrar a las nubes y alumbrar la lluvia. Lluvia que regará este campo traverso donde vuelo como asombrado de encontrar amor en la lumbre. Humeo.
*
Los campesinos beben etílico mientras entierran a su hermano acompañándose con la flauta. Vi a un niño pastor que dormía mientras una vaca le lamia el rostro. Vi un sueño de viajes en su rostro de hierba. Pastoril recuerdo que calmará cuando me toque mi caos la melodía partida.
*
He cavado en todos mis recuerdos para encontrar tu mirada, Apu. No he visto sino un sol que giraba como cortadora, preciado como negro diamante inexplorado, que me hacía verte desa apareciendo, que me hacia escucharte cuando el carro pitaba en las curvas para anunciarse, Apu. Tu estar fugaz en mi sueño entrecerrado en los desvelos como penitencia para escuchar tus pasos, anuncian una metamorfosis. Transpiración y olor a mosca en las casas, cautiverio. Mi pequeño desastre es vivir sin quietud, volar entre los seres para no sucumbir, traumatorio. Y adentrarme en los espejos para retornar con el espíritu de gracia del tiro en flashback. Y así mirarte Apu, como si me quisieras
 
*
Descampado ritual de la nieve, la invención de la fuga y lo transparente en tu camino, hacen que detengas vuelo y encalles en el accidente. Salvación de nadie, el peligro como un pozo sin fondo. Blanca suerte de lo místico: retirarse a tiempo y vivir entre las lilas del bosque inextinguible.
*
Hilanderas de venas coloridas tejiendo la ruta de los cauces perdidos. Entramado sonido en la rueca del tiempo detenido. ¿Qué rotura y jirón se hilvanará para comenzar la historia textil del exilio? ¿Qué radioactivo camino nos demora y deshilacha sentido?
*
Fermento amarillo en las ramas, caminos azules en relámpagos de mirada. La hoja de coca enseña a recorrer tu corazón como un bus en el precipicio de las trochas, sin freno y armónico para Despertar. La madre de todas las penas es una hoja niña que me amaba y se despedía amarilla deslizándose como un barquito por el río mental. El cosmos la recibía como a un héroe de guerra luego de batallar con el silencio atormentado. La hoja de coca adivinaba mi abandono cada tarde y me nutría de espera. Travesía del corazón que se incendia. La hoja de coca me nutría de viaje marino. Desde entonces, hay una ahogada que en las noches emerge y vive soñando en mi cabeza de jugo de níspero.
                                                                                   
(inédito)
 
 
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