Santa Rabia presenta un poema inédito de la talentosa poeta peruana Valeria Román Marroquín (Arequipa. 1999) Estudiante de Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Publicó los poemarios feelback (Sub 25, 2016), Matrioska (APJ, 2018) y triza la luz (Meier-Ramírez, 2020). Publicó las plaquetas kriegzustand (auto-editado, 2016) y angst (Colección Underwood, 2018). Ganadora del Premio Nacional de Poesía José Watanabe Varas 2017.
 
 
 
vietnam
 
 
mi blusa favorita ya no es mi blusa favorita: su textura
me hiere. con un dolor ridículo la acumulo, indistinta,
 
sobre otras telas sin función. sopesar sus dimensiones
es dar cuenta de los años que pasan y los centímetros
 
que aumento y las lonjas a las que me aferro.
de la mediocridad del sector vestido en materia
 
de calidad. todo es desechable, y esto no es ninguna
elaboración inteligente sobre el estado de las cosas,
 
mucho menos una metáfora. todo es desechable: vendí toda
la ropa que ya no me queda. esto no me otorga tranquilidad
 
alguna pero vivo con la fantasía de ahorrar centavo tras
centavo para alcanzar, lúcida y brillante, el despertar
 
espiritual en un país asiático menor. esta es la fantasía de
un colonizador, de los hombres blancos, y posteriormente
 
de la industria cultural, primero las grandes editoriales
y luego, una jugosa adaptación en el cine de hollywood;
 
una mujer con cuarenta y tres años encima, rubia pero
no tanto, guapa pero con mesura. una mujer masomenos
 
bien acomodada en el ciclo de producción y reproducción
del capital, con una vida sumamente aburrida, con tendencia
 
al estreñimiento y a las várices por la rutina ejecutiva. una mujer
agobiada por el holocausto que es reemplazar el espacio ocupado
 
por el marido a la condición bélica de desplazarse a la frontera
que es el divorcio. la línea argumental es agradable, una se siente
 
identificada y piensa que la crisis puede ser atractiva de cierta manera,
pero hay cosas que nadie te dice, como que es cierto que la clase
 
alta posee glamour, y sin embargo, la pobreza tiene algo bellísimo
cuando es vista desde un punto distante, como decir que aquello
 
que la adorna son los lamentos de la vida magra. entonces una mujer,
rubia pero no tanto, con cuarenta y tres años encima, compra un solo
 
y único y obstinado boleto de avión hacia un país
asiático menor, asiento en la ventana y clase económica
 
–porque para el autodescubrimiento hay que aprender a
desprenderse y dar todo lo material en contra de lo material–.
 
yo, que soy una mujer en sus veintes, con un lugar poco
privilegiado en la cadena de producción; yo, que poseo
 
montículos de ropa que ya no uso. que poseo una crisis
sin potencial en su argumento para ser literatura consumible
 
o cine ágil, que mucho menos alberga sustento teórico
que sea, quizás, interesante y moderno. yo, me miro
 
al espejo. me miro al ombligo y pienso en los países
asiáticos en general: malasia, singapur, tailandia,
 
indonesia, filipinas, camboya, bangladesh, taiwán;
todos países con gran desempeño en el intercambio
 
comercial de la industria del vestido. países exóticos
y miserables, todos pioneros en el sector de la angustia
 
y la redención blanca. si mi fantasía crece, habré de tener
esperanza de fundar mi paz mental al pie de la bahía ha-long,
 
fundida entre una multitud agotada de noventa millones
de vietnamitas. si mi fantasía crece, habré de viajar
 
diecinueve mil trescientos cincuenta y cuatro kilómetros
en un aproximado de veintitrés horas, atravesando el océano
 
pacífico sin terror a los desastres mecánicos ni a la pereza
de los pilotos. si mi fantasía crece seré incapaz de pagar
 
el crédito para mi paz mental, de hipotecar las propiedades
que quisiera para mí, fundida en la angustia de ser un solo
 
sujeto en medio del decimosexto país más poblado del mundo.
como observo sus rostros observo la curvatura de mi ombligo
 
y el desgaste de la blusa que yo dije, mi favorita. no son daños
similares pero si mi fantasía crece, si mis caderas se ensanchan,
 
habré de vender lo suficiente: un closet entero, cajas, maletas.
habré de llegar al viet del sur a encontrar respuestas; y si acaso
 
la suerte no me suelta, habré de encontrar al fabricante
de toda esta ropa rezando en la pagoda de la dama celestial
 
por la prosperidad de la nación y la abundancia de turistas
desolados por la tristeza contemporánea. entonces mi vida
 
seguirá siendo la misma tras abandonar el aeropuerto internacional
de tan son nhat en la ciudad ho chi min, pero recogeré para mí
 
la lección del ayuno y la inmolación que los vestigios de este país
asiático menor me entregan con amargo, ahora que calzo en los
 
zapatos de una mujer divorciada y malagradecida con el brillo
de la esclavitud del tercer mundo. observo la incomodidad
 
de los locales y la distancia concreta de nuestros lenguajes.
observo mi fantasía desmoronarse a medida que doy cuenta
 
de mi narrativa particular. independencia, libertad y felicidad,
ese es un lema que da cuenta de la historia nacional y el valor
 
de sus habitantes; que es fácil de recordar y sugerente
si acaso se piensa en los que llegan a la ciudad imperial,
 
desorientados. independencia, libertad y felicidad;
un único boleto, solo y obstinado, hacia vietnam.
 
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