Fotografía: Giorgio Bernardinello.

Valentina Colonna (Turín – Italia, 1990) es una poetisa y pianista compositora italiana. Ha publi­cado los poemarios Dimenticato suono (Manni, 2010), La cadenza sospesa (Aragno, 2015) y Stanze di città e altri viaggi (Aragno, 2019). Sus textos han sido traducidos y publicados en más de diez países. Cursó un máster en piano en Italia y se especializó en el repertorio barroco en la ESMUC de Barcelona. Hoy se dedica a su proyecto PianoPoe­try. Licenciada en Ciencias Lingüísticas en Turín, actualmente cursa un doctorado en Humanidades Digitales (Lingüística) en las Universidades de Génova y Turín, abordando la prosodia de la poesía italiana.
 
 
 
Me estoy yendo. No queda nadie más que yo
en la misma entrada nueva.
 
Posé mi valija
frente a una puerta, ayer,
primer piso,
a la hora del sol sobre las mesas,
cuando la Mole[1] ríe.
 
La genista pierde por la calle
y las rosas emanan
el último aire en ropa oscura.
 
En el saludo mi sonrisa se abre
y muere. Está en el pelo
que pasa el féretro de los recuerdos.
 
Hoy suspendido el tiempo se detiene.
Mañana partiré.
 
De ti no me queda más que todo.
 

Valentina Colonna, desde La cadencia suspendida. Traducción de Mario Chávez Carmona, Buenos Aires Poetry, 2020.



Comienza sin ti este segundo invierno.
Vacías las calles de transeúntes y los bancos
las palabras de los viles como nosotros
que nunca hablamos.
Narramos figuras a contraluz
cuando creemos amar ilusiones.
 
Los espacios restringen el día
en este rostro que tiene las ansias
de ellos, presionan el cabello sobre la almohada.
Se unen las piernas a la cama
donde negando te espero antes de
desaparecer. Cada noche es morir.
 
Solo esto supe hacer.
– Sabes, aquí el invierno es infinito.
 

Valentina Colonna, desde La cadencia suspendida. Traducción de Mario Chávez Carmona, Buenos Aires Poetry, 2020.

 
 
Mientras camino en la terraza la banda
suena y te digo “¿la escuchas?”
Me persigue de una parte a otra
del perímetro del confín de mi risa
para que no escuchen los vecinos
esta alegría de mis años
dejados al viento.
Así suena en la casa de frente
luego detrás en la plaza, adelante
al segundo piso del muro blanco.
 
La caja de resonancia tiene su casa en el pozo
en la plaza donde la gente pasa,
se sienta, repasa los aires
que hace veinte años escucho
en el verano cuando mi abuela
todavía a las nueve me despierta
y repite “¡Valentina, la banda!”
 
 
Valentina Colonna, desde La cadencia suspendida. Traducción de Mario Chávez Carmona, Buenos Aires Poetry, 2020.

 

La felicidad camina por la calle
con una bici desconchada y un vestido
azul que se eleva pasando
delante del bar, a los señores con velocidad
en la frenada a la vuelta de la plaza.
 
Ella se va corriendo con el sobresalto
de las miradas que se levantan. Va con el aire
entre las costillas. El manubrio sin cesar 
va solo, en círculos por el pueblo. Se alimenta de los muros
blancos, de la luz en los techos a cielo abierto
con los olores, que esparcen el almuerzo.
 
Señor mío, Señor, cada respiro aún
me es solo vida toda que sobra.

 
Valentina Colonna, desde Habitaciones de ciudad y otros viajes (Stanze di città e altri viaggi, Aragno, 2019). Traducción de Leandro Gago


 
Olvidamos el jazmín, el jardín de rosas,
los olores que mutan cuando la lluvia se acerca
invisible y entra en los hormigueros, en los poros de la tierra.
 
Al fallido temporal le hace burla un grillo
que se ha perdido en una tuya y grita: “¡para!”
Desde lo alto de sus zancos articula la palabra,
lo escuchan los pájaros y el aún cielo
pareciera hacerle caso.
 
 
Valentina Colonna, desde Habitaciones de ciudad y otros viajes (Stanze di città e altri viaggi, Aragno, 2019). Traducción de Leandro Gago
 


[1] Monumento principal de la ciudad de Turín.
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