Ulises Paniagua (México, 1976) Narrador, poeta, videastay dramaturgo. Ganador del Concurso Internacional de Cuento de la Fundación Gabriel García Márquez, en Colombia (2019). Ha sido considerado en una antología, en Rusia, como uno de los más interesantes poetas contemporáneos de Latinoamérica. Posee dos posgrados en la especialidad de imaginarios literarios.  Es autor de las novelas La ira del sapo(2016), y Ese lugar existe (2017); así como de siete libros de cuentos: Patibulario, cuentos al final del túnel, (2011), Nadie duerme esta noche (2012), Historias de la ruina (2013), Bitácora del eterno navegante (Abismos, 2015), Entre el día y la noche (UAM), Las tuercas en mi cabeza (2019) y El horror en cada puerta (2019). Su obra incluye cuatro poemarios: Del amor y otras miserias (2009), Guardián de las horas (2012), Nocturno imperio de los proscritos (2013), y Lo tan negro que respira el Universo (2015); así como los CDs sonoro-poéticos: Cuadriversiones (2013), Clandestinos y nocturnos (2014), y Mientras nos queden labios con qué cantar (2016). Ha sido divulgado en antologías, revistas y diarios nacionales e internacionales, incluyendo Nocturnario, El búho, Círculo de poesía, Nexos, Siempre!, Blanco Móvil, El Sol de México, Ígitur, Letralia, Altazor, Punto en línea y Jus. Columnista de la revista Horizontum. Fue entrevistado por Silvia Lemus, en el año 2020, en el programa “Tratos y retratos” de Canal 22. Es parte del catálogo de autores del INBA. Es parte del catálogo de autores del INBAL. También es Director del Festival Universitario de Literatura y Arte, y del Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía, respaldado por el Fondo de Cultura Económica. Ha sido publicado en la Academia Uruguaya de Letras; así como en España, Italia, Perú, Cuba, Venezuela, Rusia y Costa Rica. Primer lugar en el Concurso Literario de Cuento “La caverna” (2016). Mención honorífica en el Concurso Nacional de Cuento Criaturas de la Noche (2007), y del Premio Endira de Cuento Corto (2016), fue antologado en: Poesía Latinoamericana Giulia Gonzaga (Italia, 2008), y en Poetas del siglo XXI (España, 2014). En el 2011, con su colaboración literaria con el grupo Kanga, obtuvo el primer lugar en el concurso nacional de España, Tú sí que vales. Locutor colaborador en el programa Jazz Arquitectónico, de Radio Anáhuac. Conductor del programa Todos los libros, el libro, en Radio SOGEM y del programa Emotrópolis, en Radio IPN. Ha sido tallerista en CONACULTA, en la UAM, en la Fundación René Avilés Fabila, con Secretaría de Cultura, así como becario de CONACYT (2014-2016; 2018-2021). Su obra ha sido traducida al inglés, checo, ruso e italiano. Correo electrónico:  sesilu7@yahoo.com.mx.
 
 
 
Nocturno imperio de los proscritos
 
(fragmentos)
 
 
 
 
II
 
Escurrían lágrimas desde sus sucios corazones,
pero la palabra no nacía.
 
Bajo nudo de mordaza, castrados,
locos; los poetas   
eran / son   
perros mugrosos y hambrientos.
 
Malditos por no lograr parir palabras.
Dos mil veces malditos.
 
Su condena:
reptarán por los muros arañando sueños;
aguardarán como refrigerador de casa vacía;
lamerán la sangre propia;
hilvanarán angustia en noches de desvelo
 
Como perros rabiosos, puercos, malvenidos,
los poetas, largos y mudos,
escucharán la tierra derrumbarse alrededor de ellos.
Sólo entonces llorarán su cobardía.
 
III
 
Nocturno imperio de lo proscrito,
de aqueste umbral impronunciado,
de sólidas y filosas esquinas
que callejonan silencio.
 
Mortal desplome a contracorriente;
oscuro viraje que desemboca
en derrota suicida,
sorbo de marchita sangre;
cuota en amor
de trapecio clandestino;
espalda férrea que se chinga a los impuestos;
tenaz salmón
brincoteando ante necia multitud;
infatigable derrumbe en ascenso.
 
Poética sin gloria ni concurso
ni filosofía ni rosas o cimitarra.
Poética aprehensiva que se hunde;
palestina diáspora sin pretensión y sin destino;
mancha efímera en la camisa del tiempo,
mortal exhibición de trazos truncos;
bravo puerto donde descargan
notas kamikazes;
responso de ebrios.
 
Ambiguo sendero que descalza a la muerte
entre claroscuros cuerpos
con jugoso ímpetu de cama:
ingle tatuada / muslo rebelde 
beso en clímax / carne en delicia:
Reino de pecado,
Temida  /  bendita  tranSgresión,
Culo de mundo.
 
Ruge, conculcante, entre tinieblas.
A nosotros ven, nocturno imperio
que falta haces entre el odiaje,
la rabiazón y lo cotidiano:
 
Ven
Inmediato
Osado
Gozado
Salvaje
Ineludible
 
Ingrediente
que a corsario sello despiertas
la bucanera sed de cerveza;
nombre promulgante de utopía,
blasonada maldición de tibia en cruz.
Alarido en mar,
velamen de desesperanza,
leviatán al impacto:
 
Hunde
(Ahóganos) –calma de poseso.
Destroza
(Arrástranos a fondo) –ajena larva.
Vuélvenos sal y espuma y putrefacción y pólvora y odio.
 
Irredento protón inseminado
en fruto de ciencia;
corrosiva partícula,
primitivo elemento,
antimateria de ciego:
 
Descífranos entre moléculas
de desencanto,
entre lejanas fórmulas de insurgencia:
 
Estállanos en retazos
de demonio viejo;
entre el rencoral machacante,
desde un cuántico gramo de dicha
hasta el enorme mierjodido planeta;
de la más mínima presencia
hasta las fauces redentoras
de esta bestia estridente,
asesina,
tosca e implacable;
más, en esencia, suave,
pura,
inmaculada
como la carne de un río.
 
IV
 
 
Intentarán caballarte estos rústicos manipulongos.
Con su verbo feroz labiarán insistentes
resquiciando la mínima duda;
induciendo fascistosos el terror
a la libertaria presencia de las nubes,
a la otredad del vocablo, al desnudo canto.
Intentarán salvajarnos.
 
Levantaremos, foguearemos el verso,
la palabra de urgente manufactura y tiento,
arremetiremos con poetización, litereando
pasionales y suicidantes letras
en alunizaje de conciencia.
 
Nos volveremos libro, sueño de libro, beso de libro,
paginación infatigable;
y dentro del enceguecido ciclón
que virgilea desde su centro,
relampaguearemos, intermitentes pero profundos,
en ese umbral donde mujeres, hombres y niños
deslumbrados habitarán los vastos páramos
de la cercante espera.
 
Nos volveremos la daga, la contradicción
y la racional respuesta.
 
VIII
 
Deambulan las calles atestadas de muertes interminables;
cruzan ventanales huérfanos, muros cicatrizados;
un oscuro asilo de ratas rubrica, impúdico, una esquina.
 
Sobre una acera en sombra pasos se desvanecen,
sus cabellos medusan recortando la noche,
fornicándola por su filo;
y a cada ósculo impuro
de las suelas gastadas por sus zapatos,
los labios de hormigón se humedecen,
anhelantes de caricia de letras,
de esdrújulas y graves nominaciones.
 
         Arcángeles pastosos vigilan azoteas
y rancias jaulas que amparan tendederos rebeldes.
La vida se agita, desesperada, como sábana raída
que blasona un horizonte eterno de cornisas
y ciegas catedrales.
 
         La luna calla;
se desparrama sobre una poeta de labios carnosos
-que asomando palidez a través del ventanal-
musita versos donde querubines estáticos
comprueban su existencia
soplando saxofones
de notas tristes
y lánguidos oboes
de advenimiento.
 
La carne de los noctámbulos se vuelve piel de luna;
también sus corazones apretados
en discretos autobuses de medianoche;
también su llanto improvisado.
 
Y cual ligera llovizna,
apenas un roce en sordina,
el fresco de la madrugada invade -como el dolor profundo
de las roncas notas de un Miles Davis en extravío;
como la esperanza descarnada del Réquiem
de un Mozart apesadumbrado por las visitaciones-
las páginas desnudas que dibujan síncopas repetitivas;
codas melancólicas, profundas, púrpuras,
que llenan la luna de las uñas,
las carnes, las pupilas, las extensas sombras;
los lápices para bocas moradas por el frío,
las medias rotas, los neglillés de batallas lejanas;
los cigarrillos sin filtro, las gabardinas desgarradas,
los tragos de cerveza,
los pasos
y pasos, y pasos eternos
de las mujeres y hombres
que erigen silencio
entre las electrificadas calles
de una Babel
sin nombre.
 
IX
 
Hemos nacido mudos vagabundos malditos
desde fétidas placentas que reposan  
bajo casas almacenes edificios
putas oficinas ovarios doloridos y dolientes
mazmorras mugrosas de simulada libertad.
 
Hemos emergido satánicos ciegos ácidos
ajenos a la condena que heredaron los
fiscales del mundo -injuriosas pústulas-
entre colegios cánones parcos y ortodoxos.
 
Donde expusimos antropófagos antropólogos
-preservadores del sacrilegio- tantos entendidos
nombres bajo la lupa de la contestación:
 
los Yahvés Maquiavelos Smiths escritores del best seller
cineastas de lengua tibia en ruda afrenta a los Wells
Langs Eiseinsteins y Fellinis de originales profundas
extremas tomas que formaron pensamiento.
 
Hemos puesto nuestras deidades de espaldas
las hemos apedreado con filosas búsquedas cartesianas
en la herida que desangran labias redes sociales
hemos desandado con rojas manzanas de ciencia
el intrincado laberinto de cables sordos e inútiles.
 
Nos sucedemos en esta pesadilla de cacerolas
conflictos aterrantes aviones novedoso ántrax
cavernosas elegías postales pavores de ricina
anchas carcajadas anónimas que entendemos por el aquí ahora:
esta granizada de odio sin sed, de sed sin odio.
 
Hemos nacido forajidos inmorales drogadictos
extraños hetero y homo sexuales aprehensivos oscuros
débiles creadores infanáticos lascivos
poseedores de la marca de incendiarios y homicidas
y por ello nos han fichado perseguido exterminado
rabiando entre holgura de fusil y tasas de crecimiento.
 
Y sólo nos han dejado el verbo con el cual hollamos bala
sustantivos que renombran a cada década la confusión del mundo:
guitarra óleo imago ánima gubia microtono armonía
y la perfección imperecedera de rostro y cuerpo.
 
Renunciaron a la ética, lo estético y la razón
autorizando la belleza sin por qué
la belleza justa luminosa inasible según Silesius
la fealdad hermosa que no admite falsos discursos
y esta envidiable repulsiva comunión con la muerte.
 
Sólo nos dejaron eso. Eso que la esencia de mundo
la probabilidad de mundo requiere. Y se quedaron
con sus pestilentes andrajos de monedas
rostros de goma cerebros de aneuronales soplos.
 
Desde el grillante signo en la muñeca del proscrito 
les legamos los espesos sueños los esplendentes vestidos
sus manos sordas sus ojos tapiados los ancianos labios
el impecable desasosiego y ni una metáfora más.
Ni una metáfora.
 
Había, o hay, sin embargo, un tiempo-espacio
un cuadrivector donde ladrarán cavernosas insurrecciones
sus rastros de sueño; cuando digitarán libertad
los signos, rastrillando grafías sobre la piedra.
 
En ese remanso que ofrece posibilidad y distancia
he sido, soy, podré ser:  el historiador de antiguas pesadillas
la contestación, la queja silente desde el florido escupitajo.
 
Desde esta mi azarosa sangre: –nosotros- aquello- éstos
desafiaremos agrios pabellones puercos muros
lágrima a pedazos, dibujando daguerrotipos con aquestos
líquidos extrañas formas -excremento-arcilla-
que perseguirá el psicoanálisis y la porcelana pontificia.
 
Así, desde la tiesa tinta repudiando artificios
desde la sincera denuncia de un stencil combativo
mural o acting painting nos desangraremos
mansos pacíficos insurgentes de misticismo.
 
Desde sus ataúdes cubiertos con siniestras amapolas,
nenúfares alcatraces multiplicados, sacando por los filos
las cansadas manos con las que esto escribimos
desde apretadas rendijas de cautiverio, los del margen
-libre jauría posmoderna- ronronearemos con encallecida voz
el desprecio a la carne infecta, a la epidemia del paranoico
el principal y el violento. Hemos permanecido al margen
¿Hemos permanecido? ¿Habremos de contemplar la ciudad
derrumbarse desde su complejo epicentro?
 
Celebremos la pantera de la contracorriente
entre iluminadas páginas papiros crónicas
hermética insania ruda tristeza de maquinistas
que amputaron sus brazos para no morderlos en extensas griterías.
 
Celebremos el delicado quehacer del trovador
y el bardo soñante:
lenguaje espinoso que florece cercanía
-Incendiemos- entre letales giros almas torácicas
apretujadas por la holgura de sus huesos
el hambre sin apellido
la subastada sangre
los rudos combates de tribus urbanas
el horror de la franja sin dueño
el fuego abierto sobre las ocas migrantes
el premeditado confort de la avenida cinco
el mediocre encono de los niños escopeta  -Incendiemos-
 
De  allí, entre el huracán y el derrumbe
entre la aniquilación de tintes wagnerianos
ajeno al libreto de ignorancia y dogma
lejos;  de entre allí habrá de surgir el imparable empuje cinético
la probabilidad de la rosa, la cosa llana,
la huraña y remilgosa utopía.
 
De entre la jungla del disturbio habrá de dirigirse
la despeinada marea del tiempo, el latigazo del tsunami
sobre el féretro. Hemos de permanecer al margen
¿Hemos de hacerlo?
 
Tiempo es de revancha entre acción y metáfora
verso yámbico humeando sangre en navajazo de labios:
¿Permaneceremos al margen? ¿Habremos de contemplar
las ciudades derrumbarse desde su homicida epicentro?
 
Hemos parido doloridos supurantes quejas gritos
contra la fiera política echada a los hombros
contra discursos de malo y peor manoseados
en rudas monografías de Historia desde largas
puñaladas que cocinamos entre crudas placentas
banderas de abordaje y la ardiente zarpa que graba
presagios dentro de las córneas de malditos.
 
Hemos perecido entre huesos primitivos
que desnudaron ortos, con pupilas atascadas
por el bermejo llanto en derrota mierda insurrección
acentuando agudas nominaciones esdrújulas floridas
en sueño de libro. Pero hemos despertado:
 
Hemos nacido gigantescos imponentes rabiosos
desde el verbo ni uno más que inventamos
para no llagar la herida, para no pustulear lamento
desde el tiempo hubo un tiempo que reventamos
con firme rebeldía. Hemos nacido proscritos
rebeldes amplios lúcidos incontenibles.
Hemos despertado.
 
Y habremos de perecer revivir fallecer retornar
morir renacer pecho a cielo
con ojos sin fronteras ni silencio, en cualquier fecha
bajo cualquier sombra filosa
amargos de palabra
anchos de esperanza
únicos pero henchidos de anonimato
que se va borroneando desdibujante
entre el nombre de comunes labios
el hombre de comunes labios
las mujeres los niños los vagabundos errantes
estruendosos primitivos
supurados oscuros proscritos
que agitarán la lira y la balanza, el estilete y el incendio
que empuñarán firmes las voces del trueno y el temblor
entre el suceso que surgirá incontenible
portentoso
en la luminosa colectividad
cercana
y el florido paisaje del mundo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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