Salvador Mecalco Valle (Ciudad de México, 1989). Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras (UNAM). Actualmente prepara una tesis de licenciatura sobre las escuelas helenísticas. Forma parte del equipo editorial de la revista Campos de Plumas. Participó en el Encuentro de Escritores Jóvenes de la UAM 2019. Poemas suyos han sido publicados en distintos medios digitales.  
 
 
 
Y de aquel lugar a este momento
 
Y de aquel lugar a este momento
llegamos a la hora marcada
cuando te vistes y olvidas
cuando seseas como víbora
 
te haces tan larga
como un segundo o una hora
En instantes te rompes
y me cortas las manos
 
Sigo agitado y estoy cansado
el sudor se evapora
Este mal tiempo no se condensa
y andamos con el cuerpo agrietado
 
Ahora somos piedras
y más vale hacer mención
que no estamos a orillas del Vesubio.
 
 
 
Calígula
 
 
Desde sus inicios el mar se traga la playa, pero hace unos siglos las olas buscan al criminal que secuestró sus conchas después de una cruel batalla.
 
 
 
La otra historia
 
 
La costa brilla como la plata
y en el aire flota la nave.
Reclamas tu lugar en el lecho
mientras sangran los galanes.
Ahora vas con ella,
le extiendes los brazos.
Delante, el lecho de diez años.
La alcoba presencia la otra sangre,
la que engendra.
A su lado, mientras duermes,
observas su espalda húmeda;
te sientes muerto.
Los tiernos besos,
los abrazos,
el vaporoso sudor de los dedos,
aquellos sexos consumidos
que destejieron soledades
te parecen ahora imaginarios.
Estás agotado en el tiempo,
en la batalla, en el mar,
en otras tierras…
Tan frágil la vida,
tan placentera,
como beber licores o vino.
Entre más lleno el vaso
más rápido debiera ser el trago.
Pero ahora ella duerme,
así como toda Troya.
Cierra tus parpados,
descansa.
Libre de tu función de bestia
el mundo es más sencillo.
Pronto amanecerá
la brisa marina se elevará
y traerá consigo
a todos tus muertos.
 
 
 
Amanece adentro
 
 
Con mis manos me arranco los ojos,
a tientas pongo las rodillas en el piso
y el dolor se escurre entre quejidos.
Regreso al lenguaje primitivo.
Instalado en la oscuridad
profunda de mis adentros,
lejos de la visión de los vencidos,
me deleito con la lengua,
mis miembros, mi nariz y mis oídos…
Ojalá que algún día,
en las festividades de
la carne y la fantasía, nazca
la posibilidad de alcanzar
aquello que prevalece,
allí donde no lastima la luz.
 
 
 
Sólo el ruido del viento
y del mar
traen consigo
las edades de la tierra
 
   
 
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