Sabina Bengoechea (Almería, 2000) es estudiante de Enfermería y reside en Granada. En 2016 ganó el accésit del XXVI Concurso de Narraciones Cortas Luis Landero y el accésit del X Concurso de Cuentos Interculturales Diputación de Almería. En 2017 obtuvo el primer premio del XXXV Certamen Literario Roquetas de Mar en la modalidad de poesía. En 2021 obtuvo el XXXIII Premio Poeta Eduardo de Ory Sevilla en la modalidad de poesía. Ha participado en la Escuela de Escritores Noveles, organizado por el Centro Andaluz de las Letras, en los años 2016 y 2017. Ha publicado textos en colecciones como Letras de Papel, dirigido por el Centro Andaluz de las Letras, y en Colección Letras, dirigido por el Instituto de Estudios Almerienses. Fue finalista del VI Premio Valparaíso de Poesía.
 
 
CUANDO TENGAMOS UN DESPACHO PROPIO
 
El pasado no es digno de recuerdo,
el futuro ya no es una promesa.
MARIO VEGA
 
Hacerse mayor es querer tener
un despacho propio en la facultad,
adornarlo con plantas de interior
donde exista una luz en los horarios
y lleguemos siempre a fin de mes.
 
Soñamos con el cartel en la puerta
que anuncie nuestro territorio:
reuniones, llamadas, fotografías
de familia feliz sobre la mesa.
Soñamos con charlar con catedráticos
por los pasillos, tener conversaciones
cultas con gente culta en los congresos,
sentir que formamos parte de algún sitio.
 
Sin embargo, me pregunto si todo
esto nos pertenece,
si tras la ventana se esconde
una ciudad que nos ignora,
si esto era de verdad lo que queríamos.
 
 
LLAMAR AL TIMBRE
 
Cuando tenía diez años mis padres
decidieron desconectar el timbre
porque en la calle jugaban niños
que tocaban a la hora de la siesta.
Cortaron el cable como quien corta
el cordón umbilical del exterior.
Olvidé pronto su sonido
que como un gemido nocturno
lame el oído y nos reclama.
 
Nunca he sabido las veces exactas
que tocaron sin obtener respuesta,
que pensaron que ya no vivíamos
aquí por el silencio.
 
Sin embargo, hoy lo hemos conectado,
no para recibir una visita,
por un incendio, la policía
o algún inspector de hacienda, sino
para recibir un paquete de Amazon.
Llega el paquete y con él
el rumor de pasos en el pasillo,
el reclamo al otro lado de la puerta.
 
 
DISCOTECA ABIERTO HASTA EL AMANECER
 
En medio de la pista las discípulas
de Salma Hayek desafían
la flexibilidad de sus caderas,
nocturnas entre el humo bailan
a conciencia de una serpiente en el cuello.
Aquí no hay lugar para el tiempo
y la memoria, los cuerpos
se desordenan con la música,
como desordena el deseo
la rutina, así, de golpe.
 
 
SOL DE LA MAÑANA
 
Anoche soñé con crisantemos
que cubrían la playa y con las olas
que acariciaban con dulzura
los pétalos diseminados.
 
Pero el sol de la mañana
tapizó de cadáveres
las mezquinas arenas,
mientras el mar gritaba enloquecido
al descubrir lo que había hecho.
 
 
A VECES EL AMOR ES RUTINARIO
 
Quedamos a las nueve en el hotel
y fingimos no conocernos,
costumbres del amor entrado
en la rutina de una ciudad
nocturna y de memoria.
 
Inventamos trabajos aburridos
como los nuestros, hablamos de premios
literarios, política, del tiempo
que no tenemos y añoramos.
Cuando el camarero se despistó
entre las mesas, entramos a los baños.
Con la fuerza con la que tomas
el verso al recitar
me desabrochaste los Levi’s,
jugando con mi cuerpo y con tu lengua.
Me preguntaste cuánto tiempo
más seguiríamos fingiendo
y no supe nunca responderte.
 
 
 
 
 
 
 
 
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