Santa Rabia Magazine presenta la poesía de Rudy Toffanetti en versión del poeta argentino Leandro Gago y comentada por la poeta italiana Valentina Colonna, quienes se suman al equipo de Santa Rabia para ofrecernos una mirada diáfana de la poesía italiana actual dentro del panorama universal.

Rudy Toffanetti nació en 1994 en Milán, donde se graduó en el instituto clásico Berchet y se licenció en Letras clásicas en la Universidad Estatal de Milán. Hoy, en la misma ciudad, imparte clases de literatura e historia en el bachillerato. En 2016 publicó el libro de poemas Sul confine y, en  2020, La luce della luna, los dos por la editorial Nino Aragno. Estudió interpretación durante varios años y es autor de obras de teatro y piezas musicales. Desde 2015 es voluntario activo en la Cruz Roja Italiana, donde sirve en urgencias en ambulancia.

“La voz de Rudy Toffanetti es una voz antigua y nutrida de una luminosa espiritualidad de vida: esta sube en sus versos con la melancolía del tiempo que fluye y tiene también esa fuerza y energía de quién atraviesa con brazos abiertos el viaje y sigue soñador en este mundo. Como todo verdadero poeta, él ve lo que los otros no ven: su mirada sondea la profundidad máxima del alma que habita las cosas, las cuales, en sus manos, se desnudan y recomponen. Hay una rara alegría que parece esconderse y surgir de sus poemas, abrazando la nostalgia de sus descripciones: con sus versos el poeta nos ayuda a sentirnos todavía más humanos.”

Valentina Colonna
 
 
Es una tierra de olivos
                  y cipreses:
huele el invierno a madera mojada.
 
Árboles esbeltos siguen siendo
delgados burgueses que esperan
                                  el agua –
                      la lluvia del monte…
Piedras partidas que pierden
el alma del hombre.
 
Es un pueblo de casas
                    turísticas vacías,
vacías de gente, vacías de ingresos, llenas del solo
                regreso al tedio.
 
Si arañas los muros
encuentras tesoros, piedras más puras y casi
minerales más humanos:
elipsis de tiempo, espirales y regresos,
almas- quizás- y quizás raíces:
 
             pertenecer…
pertenecer al pasado más de lo que
se pueda pertenecer a nosotros mismos.
 
Ser entonces aquel grumo de sueños,
el inevitable reclamo del estar –
arrodillados contra el vacío
al sonido de las campanas.
 
*
Lo sé que Dios es un hipo
          o el estallido de los paraguas cuando
se abren de golpe.
 
Es algo que sucede cuando estamos
mirándonos
          y una hoja cae cerca.
 
*
Te grabo en la espalda
mi dirección
             con una cicatriz
que no puedes conocer más que tú–
 
así me encontrarás
entre todos tus hostigadores y sus oficinas.
 
El estetoscopio
apoya gélida su oreja:
 
“no se escuchan rumores,
           señorita,
respire más tranquila
quien quiera que haya pasado se ha ya esfumado…”
 
 
Traducción de Leandro Gago
 
 
 
È una terra di ulivi
e cipressi:
odora l’inverno di legna bagnata.
 
Alberi snelli rimangono
magri borghesi che aspettano
l’acqua –
la pioggia dei monti…
Pietre spaccate che perdono
l’anima dell’uomo.
 
È un paese di case
      turistiche vuote,
vuote di gente, vuote d’incassi, piene del solo
ritorno alla noia.
 
Se gratti nei muri
trovi tesori, pietre più pure e quasi
minerali più umani:
elissi di tempo, spirali e ritorni,
anime – forse – e forse radici:
 
appartenere…
appartenere al passato più di quanto
si appartenga a noi stessi.
 
Essere allora quel grumo di sogni,
l’inevitabile richiamo dello stare –
inginocchiati contro il niente
al suono di campane.

*
Lo so che Dio è un singhiozzo
o lo scoppio degli ombrelli quando
si aprono di colpo.
 
È qualcosa che succede quando stiamo
guardandoci
e una foglia cade accanto.

*
 
Ti incido sulla schiena
il mio indirizzo
con una cicatrice
che non puoi conoscere che tu –
 
così mi troverai
tra tutti i tuoi aguzzini e i loro uffici.
 
Il fonendoscopio
appoggia gelido il suo orecchio:
 
“Non si sentono rumori,
signorina,
respiri più liberamente
chiunque sia passato dev’essere sparito…”
 
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