Jorge Chávez Alvarez. Economista por la Universidad de Lima, estudios de doctorado en economía por la Universidad de Oxford (Gran Bretaña) y de maestría en desarrollo económico por el Instituto de Estudios Sociales de La Haya (Holanda). Presidente de la consultora MAXIMIXE. Expresidente del Banco Central de Reserva del Perú. Consejero académico de la Universidad de Lima, Universidad Nacional Agraria, Universidad Ricardo Palma y Universidad Nacional de Piura. Fue profesor de las universidades de Lima, de Piura y de ESAN. Conferencista internacional en temas económicos, sociales y políticos. Poeta insular; para muchos un secreto aun en el universo de nuestra poesía. Tiene en su haber un solo libro: Reino de lo inútil, publicado recién en 2018. Sin embargo, reúne en él cinco poemarios: Intempestiva, Pétalos de Vidrio, En el Nombre del Padre y del Hijo, Madrigales a la Diosa Alilat y Re/Versos. Libro elogiado por el crítico Ricardo González Vigil en su Balance Literario de 2018, así como por Rubén Quiroz Ávila, Roger Rumrill, Cronwell Jara, Fernando Carvallo, Juan Ochoa y Rodolfo Moreno, entre otros. Ha participado en diversos recitales poéticos en 2018 y 2019. Autor de diversos artículos y ensayos en temas económicos, sociales, políticos y filosóficos. Aficionado a la composición musical, a tocar piano, a la filosofía y la literatura.
 
 
SAGRADA FAMILIA 
 
 
Padre amarillo 
sólo tú 
madre amarilla 
sólo tú 
hijo el cielo azul
violeta inmóvil 
sólo tú ella ellos 
nadie 
nadie 
nadie. 
 
Y otra vez el mar 
perdón sus olas 
perdón desnudo desnuda
perpetuo bajo la sombra 
de mi sombra 
soy día y soy noche 
bajo la misma luz 
y la nada
y nada más 
perdonar 
perdonar 
perdonar 
sin más 
mi paz jamás descansa. 
 
 
SER UN PEZ
 
Cada día un pedazo descarnado de mí
flamea en una lanza
y no hay rayo llama o maremoto
que no mutile lo que va quedando
en el horizonte
y de aquella ciudad tan pero tan pura
alzada a la mar sobre mis hombros.
 
Nací encallado
entre cuatro paredes de agua
en inhóspita y lejana cabeza                
y cada día un pedazo descarnado de mí
es una costra solitaria   resuello de acróbata abismal
PEZ de aguas abajo                 en aleteo inútil
absorto ante el trajín de las nieves de las eras
mientras mueres de hábitat inasequible
nadando en un silencio que prescribe.
 
Y cada día un pedazo descarnado de mí
es una escama informe de luz negra
así me siento de haber caído tantas veces
incrustado por flechas desde el rocío
demolido por vísceras abyectas
deslenguado por voraces lenguas.
 
PEZ de arena en tiempo anfibio
barco abatido por vientos huracanados
de cenizas
llevándote a ti como bandera
dentro de mis ojos
y en todos los ojos ya sin narices.
 
PEZ de atmósfera zarandeada
en la invicta memoria
con mi silencio de migajas
que extraigo del firmamento
para dar de comer a la única paloma
ausente berlinesa
a la hora exacta de la palabra
arrojada tantas veces a la noche insepulta
ante tu mirada de nieve perfecta.
 
¡No-pez al fin!
para fluir en cualquier vida                  o muerte etérea
atando cabos de despojos
como el silbido de un tren vacío a la Siberia.
 
 
ODA AL MAR
 
Al mar que yace aquí conmigo
al zumo poeta tumbado de alas afligidas
al que en cada despertar recita vientos
en lenguaje de titanes.
 
A ti mare mío                          a tu olear de escarcha
les canto en cuerpo y alma
me disuelvo en ti errabundo polvo
en pos de la fuente.
 
Oda a ti porque te insinúas como la vida
y ovillas mis horas del poder inquieto
con el que ingieres el mundo
y lo imbuyes en tu racha de sal.
 
Oda a ti porque estás y no estás
a la orilla de tus sombras
de donde elevo mis versos
a tus cerriles fauces de altamar
para perderme en su iracunda danza.
 
A ti zumo liquen de voz viva
voz padre hermano amigo
voz catarsis redentora
a ti mare mío y a tu azul que reverbera
el titilar de las estrellas
en ti te canto errabundo polvo
disuelto en marino llanto
a tus habitantes silentes
a sus ancestros y sus sueños
que alumbran sueños nuevos
en pos del amor sumergido                
en tu tiempo.
 
IGUAZÚ
 
 
Quién eres Iguazú cayendo así
en orgásmica cascada
fractal de siete mares
en estruendo del bestiario
relumbrando en toda hiedra
de lechos emboscados por montañas 
en qué momento eres
donde rompe el olear de sangres
por tus venas.
 
Sonar de espuelas en secretos
de lluviosa cabellera de las Eras
de qué escala del silencio
¡Oh inmutable luz! cuelga tu nombre
de qué manos me acaricias
como un ángel dormido
en tu pecho
de último hombre.
 
 
¡UN RÍO!
 
Buenos días querida
Iteru azul Iteru blanco
nada te saque de mi curso
apaga la sombra de tu cabeza
entre mis cauces prende tu dorada estela
mientras maduran mis aguas abajo
el grito de impronunciable miedo
que no entiende mi griego.
 
Empieza a lamer la piedra
a levantar el ceño
a oír su rugir de espuelas
el flujo incesante de la sangre
contenida en las ensillas.
 
¿Y nosotros?
escuché tu voz y una hecatombe de luces cegó el proscenio
 
A demoler paredes
a soplar las brasas y exudar el éter del recuerdo
a roernos los labios y sembrar vanas palabras
en un verdor alucinado
para encumbrar nuestras sombras caídas a nuestras espaldas.
 
Desde siempre que tú
las palabras son orugas polifónicas 
alumbradas en un coro latente
las elegidas brotan como una flor y sufren
una transmutación en la garganta.
 
Elige las que llevan venda en los ojos
en ellas tus soles izan sus velas.
 
MI PATRIA ES ASÍ
 
Mi patria es un torrente
de ríos de montañas
de ciudades derramadas
por quebradas de belleza devastadora.
 
Cordilleras de cielo y cemento exuberante
descuelgan sus hebras precipitadas
por un laberinto de cuencas y trizas
de lamentos.
 
Cada río es un enigma
que el zaguán ha de desflorar
para vivir el presente esquivo
y avizorar un futuro que ya fue.
 
Andar sus laberínticas rutas
colgantes que mecen hogares
de maleza dura y fértil drama
es un rodaje de incontenibles piedras.
 
Mi patria amanece hoy de noche
en un desconcierto de Wagner
con tanta alma y tan poquita gota
a mi árida boca.
 
Las nubes paseando como si no pasara nada
ante mis ojos tan lejos
para despistar los peces y el pan
como irrealidad en la mesa
como si cada ciudad fuera cuento
y Dios cojeara en los sembríos
del naciente siglo
anegado en iteraciones medicamentosas
sin pálpito.
 
Cuánta impotencia ante la potencia
del error frenético del amo y señor
desértico.
 
Háganse las pestes de algoritmos intrusos
cortando la electricidad de mi lengua.
 
Nada en especial es ciudad
sino mar
aquí sólo las aguas y abrazos últimos
hasta los sótanos de honda espina
hasta las lágrimas inquebrantables
aquí sólo río abajo e iracundo polvo
vetas de alfileres y arrugas apiñándose
sobre mortecinos que ¡ay!
siguen lamiendo el lodo
como esbozos paradójicos.
 
¿Acaso no hay un límite
para las sombras ancladas a la deriva
para las laderas sin límites
y las tempestades de sollozos?
 
¡Abran paso!          ¡abran paso!
que aquí baja la última hornada
los verdes pétalos imperecederos
agazapados en el féretro
del último suspiro.
 
Oigan sus mandobles
paridos desde el inicio del silencio
abran paso y alisten sus alas
al reverdecer del residuo
acumulando en mi oído.
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