Presentamos el poema «Para unos ojos brujos bajo la luna» de Jaime Guzmán Aranda (Chimbote, 1950), autor cuya voz tiene un gran eco en las letras chimbotanas. Jaime Guzmán Aranda fue poeta, escritor y director del ya mítico sello Río Santa Editores. Autor de los libros de poesía «Patio de prisión» (dos ediciones: 1981 y 2005), «Las muchedumbres»(1988), «Lugar de nacimiento» (1990) , «La otra orilla» (1998) y artífice de los libros de narrativa “Sobre las olas”. Selección de la narrativa chimbotana, y “La santa cede”. Narrativa erótica de Chimbote.  
 
 
 
PARA UNOS OJOS BRUJOS BAJO LA LUNA
 
Apareces
la ciudad adquiere validez dentro del tumulto,
el viento del mar es cierto
tu cabellera de humo espeso golpea mis sentidos
y te siento ave, ola, lluvia
bebida extraña que empieza a darse a los moribundos.
 
La ciudad, el mar donde navegamos,
la noche se muestra dócil a tu paso
el corazón se acerca a tientas a buscarte
            callada
                        o bulliciosa
cuando siente tus ojos brujos vecinos a los míos
y ve la magia de contemplarte como una montaña
o un río límpido de aguas breves.
Los nevados llenan de vida la tarde gris
donde sin perdón descansa el humo fabuloso de tu cabellera
y tu cuerpo riega la noche de soledades.
 
Ojos, cabellera, silueta que no termina
de perderse en el mediodía
junto a las luces y a las sombras
las avenidas viven en la incertidumbre de saberte lejos
o cercana para que se rocen nuestros sueños
a la hora exacta que los vehículos se dirigen a sus domicilios
 
Tan pronto llegas y te vas
y quieres poner a flote mi vida
y sólo preparas mi muerte
en atardeceres donde la puesta de sol
sigue siendo el escenario preferido por los enamorados
y a lo lejos se divida unas manos artesanales
            que sin prisa
preparan el terreno para el galope definitivo
y no se sacian hasta después del grito y del silencio.
Diversas definiciones les da el modo común de hablar
como si se tratara de conceptos y no de furias escondidas
para nosotros es rasguñarnos la piel con toda la rabia
acumulada.
 
Y así rodearme de tu sombra y de tu luz
para seguir viviendo en tu ausencia
hasta sumergirme en el mar fosforescente
donde viven tus ojos brujos
y dialogo contigo de las esperas,
del tiempo que deja su huella indeleble
en las esquinas apuradas por recibir
tu paso en distintas direcciones;
y siento que el mar y mis manos se llenan de estrellas
cuando dejas caer adrede el amor
que transita en tus ojos luminosos de los jueves.
 
Soy de ellos prisionero
rodando por la pendiente de tu cuerpo.
Las noches muestran sin temor las por cubrir
para luego sostener tu sonrisa
que se lame como un helado de febrero
y el saberte a mi lado, hace que el mundo siga de pie
y el mar mantenga su equilibrio
y mi adhesión sin fin a tu rostro almíbar.
Entonces el amor nace sin cesar
y sin ti la vida
es una broma parecida a las conversaciones dichas en abril
sin darnos cuenta que la fiesta de año nuevo
está al final del calendario.
 
Soy de ti
como el sol pertenece a la vida,
después de todo
los veranos prolongados son una buena señal
para seguir pensando que el amor existe
porque tu mirada la alimenta cada mañana.
Cuando todo el mundo vive apurado,
tú sin premura coges los dedos de la mano
para llevarlos a tus labios
y abrimos las ventanas para permitir
que entre como en su casa
el sol de las nueve de la mañana.
 
 
EXTRAÍDO DE «LA OTRA ORILLA», DE JAIME GUZMÁN ARANDA, RÍO SANTA EDITORES, SERIE DE POESÍA: “LA VOZ QUE NO CALLA” N°8. CHIMBOTE, 1998. | SELECCIÓN DE ELÍ URBINA PARA SANTA RABIA MAGAZINE, 2020.
 
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