Entrevista A Fernando Salazar Torres por Athiná Stylianí Michou.
 
 
Fernando Salazar Torres: (ciudad de México). Poeta, crítico literario, ensayista y gestor cultural. Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa (UAM-I). Maestría en Humanidades (UAM-I). Estudia el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). Realizó una estancia de investigación en la Universidad de Salamanca (Usal) durante el 2019. Ha publicado el poemario Sueños de cadáver y Visiones de otro reino. Su poesía y ensayos se han publicado en distintas gacetas y revistas literarias impresas y electrónicas. Su poesía ha sido traducida al inglés, italiano, catalán, bengalí y ruso. Director de la revista literaria Taller Ígitur Coordina las mesas “Crítica y Pensamiento en México” y “Diótima: Encuentro Nacional de Poesía”. Dirige el Taller Literario “ígitur”. Colabora en la revista literaria “Letralia. Tierra de Letras” con la serie de poesía mexicana “Voces actuales de México” y “Poesía española contemporánea”. Es miembro del PEN Club de México.
 
 
1.- ¿Cuál crees que es la razón que hace que la poesía siga existiendo como género literario?
 
Honestamente no sé con precision. Quizá la poesía existe como género literario, porque a los teóricos y estudiosos les interesa mucho diferenciar las marcas de textualidad y revisar los motivos genéticos de cada género. Ahora, por otro lado, la poesía está pasando por un momento muy singular, posiblemente no visto con anterioridad. Me refiero a la contaminación de los géneros literarios o lo que yo denomino diáspora lírica. En nuestro tiempo, en la poesía caben todos los géneros de la Literatura. La poesía toma mucho de la narrativa, y, por otro lado, la retórica contemporánea de la cual se valen los poetas del presente histórico da como resultado un poema transfronterizo, es decir, híbrido. Me parece que la literatura persiste todavía como imagen de la realidad y, sobre todo, en el siglo XXI como ficción de la Historia. La poesía existe, independiente de la calidad, porque tenemos la capacidad de escribirla, así como el ser humano posee la capacidad de crear fórmulas matemáticas para las investigaciones cósmicas. La poesía seguirá escribiéndose en la medida que nos resulte un reto y hallazgo la propia vida.
 
 
2.- ¿Qué es el sonido para ti en la poesía? ¿Por qué la armonía es necesaria? Si tuvieras que representar la poesía con un sonido o una palabra, ¿cuál sería esta? 
 
A la primera pregunta diría que para mí el sonido de la poesía es la de una concha de mar pegada al oído o el sonido interior del océano, es decir, desconocido. La armonía es elemental en la lírica, pues los acentos, tonos y ritmos son una propiedad material del lenguaje, que brindan a la poesía de uno de sus caracteres esenciales. La poesía moderna nos enseñó que el sonido es sentido. Basta leer un poema en la lengua original de Arthur Rimbaud para percatarse de eso. Él marcó ese programa poemático. La armonía en español tiene sus propias identidades derivadas de la fundación del idioma. Por nuestra tradición pasan los sonidos de la poesía griega, latina, árabe, provenzal, judía, y, muy modernamente, francesa, italiana e inglesa. El español es una de las lenguas más completas para escribir poesía. Si tuviera que representar la poesía con un sonido sería el del endecasílabo y la palabra universo.
 
 
3.- Bajo tu punto de vista, ¿cuál es el sentido hondo de la poesía?
 
Preguntas metafísicas están fuera de mis capacidades. No creo en el sentido hondo de la poesía. Ahora mismo pienso en dos versos de Fernando Pessoa: “El único sentido íntimo de las cosas/ es que no tienen ningún sentido íntimo”. Me parece que esto aplica muy bien para el sentido hondo de la poesía. No sé qué significa eso. El sentido en muchos aspectos lo da el lector, el poeta ejecuta de distintas maneras un poema a partir de otros sentidos que le otorga a las palabras, a la realidad, en concreto, el mundo y todas las situaciones que nos son ajenas forman parte de lo que la Literatura es. Durante mucho tiempo se ha considerado que la poesía, dentro de los géneros literarios, es superior a los demás géneros y no me lo parece. Esa es otra invención de la poesía moderna, en realidad, de los poetas de la segunda mitad del siglo XIX y que las Vanguardias decidieron heredar. La poesía del presente se escribe bajo distintas pautas de la narrativa y la ficción. Poco le aporta la poesía, en este tiempo, a la narrativa y ésta sí le ofrece bastante a la lírica. La poesía, por tanto, vendría a ser una suma de sentidos conjuntados que crean un sentido no necesariamente unívoco. Todas estas ideas metafísicas de la poesía y de la literatura nos la heredaron los poetas románticos alemanes y fueron los franceses quienes asumieron esa idea a lo largo de todo el siglo XIX bajo el programa de la estructura de la lírica moderna. La poesía que se está escribiendo actualmente, por fortuna, abandona estas posturas aunque bajo el riesgo de llegar a otra posición ideologizante.
 
 
4.- Bajo tu perspectiva, ¿cuál es el momento de más intensidad en la poesía? ¿Es ese que da sustancia a la poesía?
 
Cuando estoy pensando el poema. A mí interesa el poema como una tension entre tema y forma. En mi caso, el proceso creativo empieza en mi mente, ya sea midiendo el ritmo o eligiendo el metro conforme a lo que deseo expresar, o bien, si tengo primero el tema me siento en la necesidad de definir qué metro emplear y qué variantes rítmicas son propias al poema. Incluso, hay momentos en que el poema, tal como puede estar escrito, parcial y definitivamente, lo he llegado a soñar; es decir, dormido soy consciente de la expresión isosilábica y al despertar solo reproduzco lo que ya estaba en mi cerebro o memoria. Existen otros momentos de intensidad, por ejemplo, en la etapa de corrección y de la escritura misma. Cuando me siento a escribir poesía es porque prácticamente ya tengo el poema terminado en mi cabeza, pero en el proceso de transcripción y escritura algunos elementos pueden variar e incorporarse otros.
 
 
5.- Si pudieras hacer un viaje a las diferentes épocas de literatura, ¿a cuál época visitarías y por qué?
 
Quizá la Francia de mitad del siglo XIX. No sé si el Siglo de Oro Español me vaya a gustar en su totalidad. Pero sin lugar a dudas, la época que me gustaría visitar sería la de la Iberia del siglo IX-XII, el periodo andalusí. En ese tiempo se comenzó a edificar el tono de la poesía en un español primitivo, denominado de manera equívoca como mozárabe, pero también fue la época de la fundación de esa lengua. El tono melancólico de la lírica andalusí, de amor, pertenece al canto de las esclavas cristianas, me refiero a los poemas de amigo que, con el tiempo, se convirtió en el estilo impostado por los trovadores galos y que, después, Petrarca haría suyo. El tono de la voz original de la poesía de un español primitivo o protoespañol, el de la lírica andalusí, es una voz de mujer. Los poetas cuando componían sus poemas impostaban de tal modo que la voz de la enunciación se percibía, con total claridad como la voz lírica de una mujer. Lo demás es historia: el nacimiento del español. Esta es la época de la Literatura a la cual me gustaría viajar, al periodo de la fundación de mi lengua y al registro inicial de su voz poética.
 
 
6.- ¿Cuándo escribiste tu primer poema?, ¿qué sentiste al escribirlo? ¿Qué es lo que te produce la necesidad de seguir también expresándote a través de la palabra escrita?
 
Recuerdo que mi primer poema lo escribí a los 8 años y fue un poema a la luna. Algo común. Sentí emoción y una necesidad por presentar mis sentimientos en un papel, pero en realidad eso me llevó al interés incesante de la lectura. La necesidad, en mi caso, es intelectual. Pienso en la poesía como quien piensa en una partitura. Escribo todo el tiempo, ya sea poesía o ensayo, regularmente más éste último género, porque priva en mí el interés absoluto por pensar la poesía. Crítica y poesía son inseparables.
 
 
7.- Poesía y ensayo. ¿Qué te ofrece cada uno de estos dos estilos de escritura a la hora de llevarlos en práctica?
 
Para mí es una relación dialéctica, porque el vínculo de ideas existentes entre estas dos estructuras son constantes, en mi caso es una permanente relación. No concibo escribir poesía sin la crítica y no dejo de escribir crítica sin los favores de la poesía. Roberto Juarroz habla de una crítica creativa, esa idea me gusta y me la apropio. Todo buen poeta es también un crítico literario o, al menos, debe serlo, porque detrás de ese proceso se da una cantidad de conocimientos aplicables tanto al ensayo como a la poesía. El ensayo crítico me ofrece la posibilidad de pensar y escribir sobre un fenómeno poético contemporáneo, actualmente manifiesto en la poesía escrita en español: la poesía híbrida. Bajo este paradigma ocurre un movimiento muy interesante; parte de la nueva poesía se está escribiendo bajo estos esquemas transfornterizos. Escribir poesía me permite no emular ni repetir estos modelos mencionados. Mucha de la poesía se deja dominar por este estilo, mismo que proviene, esencialmente del modo de la poesía escrita en inglés. Eso quiere decir que los procedimientos poéticos de esa lengua invaden y dominan el español. Escribir poesía me permite evitar estas contaminaciones, porque el Hispanismo es más que esas fórmulas híbridas.
 
 
8. ¿Cuáles son los autores qué te influenciaron y te influencian en tu desarrollo como escritor?
 
Los mencionaré conforme han sido mis etapas. En un inicio, Charles Baudelaire me mostró el camino de la poesía, después Friedrich Hölderlin y Herman Hesse. Ellos tres son la serie tripartita de mi inicial interés por la poesía. Durante mucho tiempo toda la lírica moderna francesa, por eso conozco muy bien la Modernidad y los caracteres de la poesía moderna: Mallarmé, Isidore Ducasse, Víctor Hugo, Apollinaire, entre muchos otros. Al pasar el tiempo, en mis lecturas llegué a la literatura en español, y algunos de los primeros autores que comenzaron a influir en mi poesía son Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges y Octavio Paz. Estos dos me enseñaron a redactar mis ideas en los ensayos. Al principio imitaba su estilo ocultándolo. Roberto Juarroz ahora es medular. Juan Ramón Jiménez, César Vallejo y Federico García Lorca me han mostrado el lado más cruento de la forma del español. Debo decir que, especialmente, la tradición andalusí me ha influido sobremanera en la construcción e imagen del verso sollozante. Leer otras disciplinas fortalece mucho la agudeza, en mi caso, mi  formación filosófica me ha permitido comprender distintos fenómenos explicados muy posteriormente por las teorías literarias del siglo XX,  pero que con mucho tiempo de antelación y bajo otros parametros, la Filosofía ya había explicado desde el ámbito de la Fenomenología y la Metafísica, por ejemplo, las ideas del yo, la subjetividad y el genio. Muchas de las teoría literarias son una copia y desdoblamiento de marcos filosóficos.
 
 
9. Bajo tu perspectiva, ¿cuál o cuáles son las características que comparten la poesía y la imaginación?
 
La facultad racional e intelectiva de creación. La imaginación, en su etimología, implica ser el resultado de una serie de imágenes formadas en nuestra mente; por otro lado, la poesía es la construcción o creación, sabemos, con el lenguaje de otra clase de imágenes. Entonces, tanto la imaginación como la poesía resultan de la capacidad mental de crear mediante imágenes o formas mentales un sentido poético de la realidad. Y ésta es la otra característica que comparten. Ni la poesía ni la imaginación prescinden de la realidad, ya sea ficcionalizada, verosímil o fingida. Existe la poesía visual desde la época de la Grecia clásica, así la imaginación, la imagen y la vista son elementales para el ejercicio de la poesía.
 
 
10. ¿La lengua de la poesía influencia la lengua en la que está escrita y por consiguiente el modo del ser humano de percibir el mundo? Si, sí, ¿en qué sentido la influencia?
 
Esa consideración de que la poesía es un tipo de lenguaje o lengua diferente y superior al lenguaje mismo y al lenguaje de los demás géneros literarios es demasiado común. Yo no la comparto. Por qué motivos un poema estaría por encima, fenomenológica y atributivamente de una novela como El Quijote. Yo no creo que un poema sea superior a esta altísima obra literaria. Ese equívoco de pensar a la poesía como algo hecho por dioses pertenece a los poetas del siglo XVIII y XIX. Cabe decir que la poesía está pasando por su peor momento como nunca antes se había visto. Prueba de ellos es la clase de obras poéticas construidas bajo el robo, apropiación e impostación textual. La novela está salvando a la poesía.
Resulta inevitable no pensar en la influencia entre las lenguas, como tú lo llamas. Lo que ignoro es en qué medida puede ser influyente, por ejemplo, la poesía escrita en español en el propio español. Posiblemente a través de ciertos actos del habla. Mediante la poesía se ha modelado un modo de hablar, lo coloquial y conversacional, pero no hablamos en endecasílabos ni en poemas de arte mayor aunque el español tiende al octosílabo y la medida estandar de la poesía, en esta lengua, es esa medida silábica.
La percepción del mundo no depende de la poesía ni de ninguna forma literaria, creo más en la idea de que el lenguaje es una forma de la razón y, por tanto, en el lenguaje, cualquiera que sea, se crea una imagen epistémica y modo de sensibilidad que nos determina como sociedad y seres pensantes.
 
 
Poemas
 
 
MORIR ES QUEDARSE
 
Nada, ya nada debo salvo el tiempo.
Sin mirar atrás,
nada debo si el año muere.
Mi memoria queda prendida a ti,
de la hojarasca del otoño,
de los pasos que dejo.
Pasar a ojos cerrados y labios
en vilo con la noche
con la ciencia de que llegar es irse
y volver a soñarte
y otra vez retornar,
una vez más quedarse.
No, nada debo, el tiempo aqueja,
dolerte del mismo modo hasta siempre,
arderme y dolerme
otra piel en mi cuerpo;
vivir así, como dicen, como es,
así es el amor en esta tierra prometida,
quiero decir húmeda,
porque debajo
muy abajo de este mundo
hay carne en la muerte, así vengo,
cabalgando encima del espinazo
de un animal fracturado
de un animal roto
que fue contenido bajo tierra.
 
 
La muerte nada, nada guarda.
O el tiempo o la memoria
que me vivieron
me hacen llorar en desmedida
cada noche y cada día;
mejor es irme
y dejar cada cosa en su lugar
y permitir que las horas nos dejen.
 
Intentaré de nuevo la historia,
dejo este cadáver en flor;
soy esa oscuridad en mi cuerpo,
mi otro yo que perdí,
mi alma que te vivió.
Mirarte sin mirarnos hasta nunca
en el adiós de la muerte que llega.
Viene por mí el caballo melancólico,
el mismo que me trajo a tu sombra,
a mi casa donde existir
es de pronto desvanecerse.
 

Día ocho, las huellas
 
Cambia el pasado en un presente que está siendo
y mis horas son el rostro irremediable
de un hombre nacido para cicatrizar
 
Al ser otro me doy a la actualidad
Al dejar de ser el que fui he muerto
Si ya no soy ahora soy y he sido
 
Puede ser el azar o este resurgir es para mí
El hogar está más cerca     ya lo sé
La vida es una dimensión fractal
 
Detenido frente a unas huellas abandonadas
descubro que no hace mucho estuvo aquí
Dejó las señales a merced de mi deseo
su incienso limpia mis marcas del reino perdido
 
Hay una mujer nacida de la espuma venusina
hay un resplandor que me impresiona y anega
como en el primer día
Es la otra quien no había visto
soy quien habla conmigo y contigo
 
Su voz es una niebla de serenidades
lluvia que recupera las plazas
donde puedo volver a pisar firmemente
Da aliento a las cosas perdidas
y anticipa el futuro
 
Me mira  la miro  Su mutismo nos comunica
Nos encontramos con el rumor que nos dice
Escribimos encima de las hojas
Volvemos al comienzo del día
Hablamos hasta crear palabras nuevas
Hablar contigo es plantar un árbol
 
 
Raspa la hoja blanca, a ver si
algo cabe en la cuenca de esta mano;
atrás mosca, heliotropo, ciénaga.
“Raspa”, me susurra el zumbido de la flor garza;
rasgo los aires y los soles
silban entre las plumas de las tardes
a manera de pájaros anclando la savia.
Murmura, repite el sonido,
musito y duermo a la hora
que escurre el dolor de la fiebre.
 
Qué digo! Nadie me repite,
hago eco de mi voz bajo la cama,
me dices ya, me dicen hoy,
dicen las voces “camina al espejo”
y ando como Simón en el vacío.
Allí encuentro más voces que emular,
sus ecos maduros son la deslucida imagen,
la pobre luz de quienes me preceden
y cifran el verso libre con la estrofa blanca.
 
Qué dicen! Nada, copian mal el Blanco,
declinan entre dados por la boa del juego,
modernos epigonales, caballo a mansalva,
expresan bien la imperfección del símil
y del poema, digo nada, lo deletreo,
las letras quedan libres.
 
 
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