Santa Rabia Magazine presenta 4 poemas del autor argentino Fermín Vilela (Buenos Aires,  1992) poeta y traductor. Fue autor de variados artículos, traducciones y entrevistas publicados en revistas y editoriales como Buenos Aires Poetry, Anfibia o La libélula vaga. Publicó El horizonte del umbral (Peces de Ciudad Ediciones, 2017) y Purga (Buenos Aires Poetry, 2019). Actualmente reside en Portugal, trabajando como traductor, crítico literario y agricultor.
 
 
Elegía de Monsterrat
 
Para qué voy a discutirles
la belleza impune de los ángeles
ni sus nalgas grises, libradas al nocturno.
 
Para qué si van de árbol en árbol,
riéndose con lengua y nadería huérfana,
sin poder medir el daño colateral
de sus alas, que golpean todo lo que rozan
y llevan nombres escritos en ellas.
 
Los ángeles mueven sus alas desde el umbral
con intenciones de mear sobre nuestra cara de nieve.
El chorro cae, tamboril, hacia las manos y los ojos
que les rezan cielo: no hay cámaras, periodistas
ni escrituras sagradas que registren la escena.
 
Para qué voy a discutirles su belleza
si jamás pudimos verlos sobrios,
libres de moretones en la cara
o en esas armaduras que exhiben
como lamentables uniformes divinos.
 
Miremos hacia arriba, en fila al tragacielo.
Uno por uno miremos hacia arriba.
 
Todavía podremos escuchar sus risas.
Todavía las alas eléctricas de imaginación
que siguen guiando al necio por un oscuro
camino de tierra. Todavía asomándose
el ángel huérfano, malherido y por poco
muerto de frío: en esquinas de tu ciudad
lo verás fumando, en rincones
oscuros lo verás abandonado.
 
 
Imperativo
 
Alma centinela,
Confesémonos
De la noche inútil
Y del día en llamas.
Arthur Rimbaud
 
Del poema te han rogado un oráculo.
Te han obligado a lamer codos y zapatos vencidos, 
                a mear en fila sobre tu vientre de infancia,
                a dibujarle manos al dios indiferente,
                a callarte al querer perseguir tus nacimientos.
 
Del poema te han pedido una resurrección.
Sucedió que los muertos estaban inquietos,
                 que no bastaba con sepulcros o cruces autistas,
                 que había que liberarlos de las exigencias del aire negro
                 y extraer sus palabras cardíacas de la ruina de la nada.
                  
Del poema te han rogado una verdad.
No más que deseo pasado por agua les has dado,
              un ojo mal lavado, ególatra en su retina de plástico,
              líneas trazadas hacia otras paralelas e incomprensibles,
              no más que llave para casa sin puerta les has escrito.
 
 
Un pésimo ejemplo
 
Y un hombre aterrado
por sus aulas está acá mismo
intentando hacer mala pedagogía
susurrándole al verso magro
que toque puertas del enfermo
que ejerza la medicina
en toda su limitada esfera
 
Y este hombre que sueña
constantemente con exámenes
y una profesora con menos piedad
que un militar sin piernas
hoy intenta llevar adelante
su educación basada
en el estudio autodidacta
de las formas que nublan
a los poetas condenados,
aburridos en patéticos
salones del infierno
 
Y este hombre entierra
su cuerpo deforme en el corazón
de una máquina inutilizable
que nadie puede detener
o poner en marcha
 
Y este hombre toma aire
se vuelca a trabajar poemas
relatos malos corregidos
se vuelca a escribir
con algunas certezas
detesta la hipoteca arterial
los créditos a tres décadas
adora sentir el orgasmo
de la mujer escrita
en su pequeño poema
susurra adelante querido
verso, vamos adelante.
 
 
Panorama                             
 
Estos son los ángeles en los que nadie cree.
Son los que van de casa en casa, girando
con un dejo de tabaco y pasado
mal resuelto. Apuestan huesos
en la lotería de la eternidad.
 
Estos son ángeles venidos no del paraíso
sino enterrados bajo tierra. Son quienes anidan 
en el dormitorio del enfermo, el apartado, el adicto.
Son los mezclados con el cemento y las flores industriales,
la perversión sin confesiones, todo lo que nadie quiere ver.
 
Bajo un hermoso cuarto menguante
deambulan alumbrados por esa luz
blanca como blancos son los huesos
del Dios que los desterró y hoy
saca provecho de sus alas rotas,
los escupe mientras se aclara la garganta,
hace de sus días un Laboratorio.
 
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