Santa Rabia Magazine presenta una entrevista con el escritor Braulio Muñoz (Chimbote, 1946) realizada por Elisa Altamirano. Braulio Muñoz partió a Estados Unidos cuando tenía 22 años. Estudió Física y Filosofía en la Universidad de Rhode Island y se doctoró luego en Sociología por la Universidad de Pennsylvania. Con “Alejandro y los pescadores de Tancay” ganó el premio The International Latino Book Award for Historical Fiction in English (2009).

Este jueves 11 a las 7 PM se presenta “El Misha” (Fondo Editorial de Nuevo Chimbote y Estruendomudo, 2014) en el Centro Cultural de la Universidad Nacional del Santa, a cargo de Fernando Cueto e Ítalo Morales. ¡Imperdible!

Esta entrevista  la  realicé en julio del 2013 mientras me encontraba preparando  mi Proyecto de Tesis de Maestría  sobre Literatura Local.  Fue una tarde de pisco y capuccino,  muy agradable porque me permitió encontrar a un ser humano valioso y a un escritor identificado con esta tierra a pesar de haber salido de ella hacía más de 50 años. Entrevistar a Braulio me pareció necesario dado  que sus relatos publicados abordaban ampliamente nuestro puerto como escenario principal y a los pescadores como personajes elementales dentro de ella, así como su concepción de la vida y del mar. Estos  escenarios y personajes son los que le permitieron de algún modo reencontrarse con parte de su  pasado y con su Chimbote añorado.
En aquel entonces “El Misha” aún estaba en proyecto. Felizmente ahora ya podemos contar con la publicación de la novela.

En la dedicatoria de este hermoso libro decía “Que algún personaje te hable”, y definitivamente más de uno lo hizo. Que “El Misha” les hable a ustedes, también.

Elisa: ¿Qué es la novela para ti?

Braulio:
 Bueno, para mí viene a ser un género que se presta para desarrollar diferentes planos de expresión al mismo tiempo. Es un género que me gusta porque hace posible un enfoque amplio sobre el espacio-tiempo de un pueblo o de un personaje. Para mí la novela es fuente de noticias (buenas y malas, imaginadas y reales) que procura tener una resonancia a nivel social y humano.

Elisa: ¿Entonces, a partir de ella, podemos decir,  que se puede  representar el universo total o  parcial de un país o de una ciudad?

Braulio: Como todo trabajo de ficción, la novela quizás no deba de ser utilizada para tratar de reproducir la realidad; si reprodujese la realidad perdería su esencia ficcional, se tornaría en algo aburrido, un reportaje o un acto científico. Lo interesante de la novela es que en vez de reproducir la realidad-real (o realidad circundante) examina, representa esa realidad de una manera  más coherente,  más fracturada, pero siempre desde un punto de vista organizador; ese punto de vista puede ser el del autor mismo o de uno de sus personajes. Aunque, al fin de cuentas, el ordenamiento de lo real-ficticio es hecho por el autor, por supuesto. Me gusta escribir novelas porque me dan más oportunidades para cuestionar y/o examinar algunos aspectos de la realidad-real, digamos.

Elisa: también permite que se haga más frondosa la descripción….

Braulio: Por cierto, el espacio y el tiempo que se crea en la novela, por ejemplo, es  al mismo tiempo menos expansivo y más complejo. Menos expansivo porque la realidad-circundante, de donde se nutre toda novela, desborda todo intento de concepción completa, sin residuo. Más compleja en el sentido de que hay elementos añadidos, como diría Mario Vargas Llosa, que llegan a enriquecer la realidad-real, o circundante. O sea, la producción de sueños, utopías, miedos nuevos, que se expresan novelísticamente, enriquecen la cultura, la vida.

Elisa: ¿Cuáles serían las novelas más representativas de la literatura que  se expresan sobre Chimbote?

Braulio: Bueno, el estar lejos de Chimbote me ha impedido leer mucho de lo que se produce aquí pero me gusta la obra de Fernando Cueto, de  Oscar Colchado, de 
Miguel Rodríguez Liñán. Para mí como para muchos, me imagino,  la novela principal sobre Chimbote sigue siendo El zorro de arriba y el zorro de de abajo de José María Arguedas.
Elisa: ¿cuáles son los aspectos del universo chimbotano más resaltantes que se pueden apreciar en aquellas novelas?

Braulio: Bueno, depende. Yo creo que un Chimbote como tiempo-espacio de transición es una cosa importante, la mescolanza de razas, de acentos, de olores, de sonidos, por un lado, las imágenes de un pasado, un presente y un futuro en construcción, por otro lado, es algo fenomenal; y  las novelas que capturan ese movimiento son las que me gustan más. Me gusta mucho el trato del espacio-tiempo que hace Oscar Colchado, más que todo en  “Hombres de mar”, por ejemplo; es que hay un sedimento  mágico-mítico en el Chimbote de Oscar, un tiempo-espacio que intenta una construcción o re-construcción de lo que hemos sido, somos, y quizás, querríamos ser. Es algo que también trato de capturar en “Alejandro y los pescadores de Tancay”.

Elisa: ¿Estaríamos hablando de literatura  y folclor?
Braulio: No necesariamente folclor, porque el folclor es lo que se recopila, esto es algo creativo que se basa en el folclor pero que desborda esas restricciones, me parece más como un reconocimiento a dimensiones que subyacen a este movimiento febril de la modernidad en Chimbote. En novelas como las de Oscar Colchado hay un sedimento antiguo que persiste todavía y que afecta nuestra visión del futuro. Las novelas que capturan esa conexión entre lo que subyace  y la modernidad que crece a tumbos, esas son las mejores novelas sobre Chimbote para mí.

Elisa: ¿Cuál es el alcance del valor literario de las novelas que pertenecen  a la literatura local?
Braulio: Son buenas. Yo creo que, como toda buena novela que es buena, las mejores se centran en lo local pero dicen algo universal. Una novela que solo dice algo sobre lo local es difícil que sea buena. Tiene que existir esa conexión: lo local pero con dimensiones universales; que es lo que he tratado de hacer en “Alejandro y los pescadores de Tancay”. En Alejandro hay 4000 años de historia regional pero no se queda aquí, sino se va hasta Alemania y Estados Unidos, por ejemplo. La novela parte desde el punto de vista de los pescadores de peña; pero estos pescadores están insertados, mancomunados, digamos, con un mundo más amplio y complejo. Las novelas que dejan de ser folclóricas nos hacen más universales.

Elisa: Esto permitiría que personas de otras realidades  puedan conectarse con nuestra historia…

Braulio: Por cierto, lo peor que nos pueda ocurrir es que los “otros” nos vean como seres extraños, simplemente periféricos. Una buena novela hace de cada situación ––aun de lo periférico en términos económicos, sociales, tecnológicos–– algo familiar, íntimo. En nuestro caso, una buena novela muestra nuestra humanidad aun a quienes, a lo largo de nuestra historia, nos han querido menospreciar. Para parafrasear lo que dijo Walter Benjamin sobre la traducción y la lengua: cada novela sobre Chimbote debe de basarse en lo local, pero tocar lo universal tal como una tangente toca a un círculo. Quizás al final de nuestros esfuerzos llegaremos a reconocernos en todos los “otros” que parten desde sus propios espacio-tiempo.

Elisa: 
Háblanos de aquella novela que aún no ha sido publicada. ¿Qué elementos del universo chimbotano has recreado en ella?

Braulio: La novela que estoy trabajando ahora, El Misha, parte de dos localidades bien definidas: el valle de Santa Clara, que queda entre Vitarte y Chosica por la Carretera Central, y Chimbote. Estas localidades son los espacio/tiempo concretos desde donde los personajes se conectan con el quehacer de la humanidad. En el caso de Chimbote, por ejemplo, el puerto se perfila como un sitio de contestación entre poderes mundiales, como eran los Estados Unidos y La Unión Soviética en los años sesenta. Chimbote era en ese entonces un puerto donde, como decía Arguedas, se mesclaban razas, perspectivas, e intereses de potencias que veían el futuro de manera distinta. El Misha contiene personajes estadounidenses, yugoslavos, brasileños, cubanos, limeños, serranos, costeños, italianos, negros, blancos, etc.; también se habla de la  CIA y de la  KGB, de la Teología de la Liberación, del Apra… O sea en El Misha Chimbote y el Perú se muestran en medio de los estragos de la guerra fría. Es una novela que va desde más o menos 1890 hasta el año 2005, un mural de lo que yo pienso fue Chimbote y el Perú en esos años. Uno de los personajes principales ––el que escribe la novela–– dice que él quiere escribir una novela donde el personaje principal sea el Perú…

Pero, al mismo tiempo, El Misha es una historia de amor. De un amor que se da, se hace concreto, en un mundo en caos, en un mundo donde la fe y los sentimientos tiernos son repetidamente negados por la violencia de clase, de discriminación sexual, de raza, de economía… En fin, quisiera que El Misha sea una novela que señale nuestra profunda humanidad, nuestro aferramiento y canto a la vida, aun en los momentos más difíciles; quisiera que sea una tangente,  que toque el círculo humano, que nos conecte con todos esos “otros” con quienes compartimos este espacio-tiempo que siempre se dará como algo por reconstruir.
BRAULIO MUÑOZ
(Chimbote, 1946) Partió a Estados Unidos cuando tenía 22 años. Estudió Física y Filosofía en la Universidad de Rhode Island y se doctoró luego en Sociología por la Universidad de Pennsylvania. Entre sus libros de divulgación académica se cuentan “Sons of the Wind, Tensions in Social Theory: a Prelogomena for  a Future Moral Sociology” y “El Hablador: Mario Vargas Llosa entre civilización y barbarie”. Con “Alejandro y los pescadores de Tancay” ganó el premio The international Latino Book Award for Historical Fiction in English, en la Feria del Libro de Nueva York en el 2009. Braulio Muñoz es Centennial Professor del Swarthmore College y Profesor Honorario de la Universidad Ricardo Palma.

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