Entrevista A Eduardo Serdio por Athiná Stylianí Michou.
 
 
Eduardo Serdio (Ciudad de México, 1994). Poeta, gestor y editor mexicano. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha impartido talleres de creación literaria en Mostrarte a México A.C. En el 2016 con estudiantes de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán crea el proyecto De-lirio que dos años más tarde deriva en la revista literaria del mismo nombre en la que funge como director general. Parte de su obra se ha publicado en medios nacionales e internacionales. Se desarrolla también como editor en la revista Taller literario Ígitur desde el 2019 y como gestor en las mesas de Crítica y Pensamiento en México, así como del encuentro anual: Diótima. Encuentro Nacional de Poesía. Actualmente es fundador y director de la Congragación Literaria de la Ciudad de México y desde esta organización coordina junto con la Dirección General de Escuelas Secundarias Técnicas los programas educativos de tv “La palabra compartida” y de radio “Si el río suena agua lleva”. 
 
 
1. ¿Cuál crees que es la razón que hace que la poesía siga existiendo como género literario? 
 
Pienso que la poesía (sin tratar de sacralizarla) va más allá de cualquier taxonomía propuesta por modelos de estudio, es decir: de los géneros literarios. Es preciso hablar de la existencia de tradiciones formales tanto en la creación literaria como en los estudios teóricos. Desde la época clásica hasta la contemporánea se ha optado por una clasificación que resulta muy útil para los estudios literarios y también, aunque en menor medida, para la creación artística. Conocer, por ejemplo, el género lírico desde la perspectiva clásica nos dota de una serie de visiones y aristas ante el fenómeno poético. Lo mismo sucede si nos acercamos a otro tipo de clasificaciones, como los subgéneros poéticos postulados por Kayser, tan sólo por mencionar algunos. Sin embargo todo género nos remonta a una serie de rasgos característicos que determinan un modelo específico, esos rasgos, en gran parte, son heredados conscientemente; en otra inconscientemente. No obstante, creo que actualmente nos encontramos ante una suma de tradiciones, producto de la globalización y la tecnología que nos ha facilitado los vínculos entre culturas que antes (si no imposible) era dificilísimo. Esto ha hecho más delgadas las fronteras genéricas y actualmente existe una hibridez de la que muchos críticos hablan, pero que más allá de ser una hibridez genérica es una mezcla heterogénea de tradiciones. Las formas discursivas y técnicas pueden ser distintas pero “nada hay nuevo bajo el sol” y la poesía siempre presentará como todo arte factores intrínsecos a su misma naturaleza. Algunos son compartidos con otras artes como el ritmo, pero otros son propios, como la materia prima; estoy hablando de la palabra. Pareciera que este argumento no es sino un silogismo patizambo y mal encuadrado pues también usan el lenguaje verbal otros géneros literarios como la narrativa, el teatro, el ensayo, pero sostengo que todos ellos contienen poesía. Muchos podemos encontrar más poesía en Bodas de Sangre o en La Celestina que en cualquier otro buen versificador que carezca de contenido. Estoy tratando de decir que la poesía, como muchos la imaginamos y concebimos no es más que la suma de una tradición que se apega a la materialidad del lenguaje (sonido e imagen) y que por ello versifica. Resultado de esto es el poema. Habrá quien apele al versículo, o el poema en prosa, pero estas formas discursivas no harán más que comprobar que existen muchos otros tipos de ritmos y no sólo sonoros, sino semánticos y (andándome con pies de plomo) diré que también espirituales, ya que son estos los que nos conducen a un estadio de consciencia distinto, para ser preciso: poético.
 
2. ¿Qué es el sonido para ti en la poesía? Si tuvieras que representar la poesía con un sonido o una palabra, ¿cuál sería ésta?  
 
El sonido es una de las puertas poéticas más grandes, y más estudiadas. Por eso versificamos. Los clásicos se basaban en el cómputo cuantitativo, los hebreos en el paralelístico, los hablantes del español en el acento. Cuando la palabra viaja a través de las ondas se convierte en Hermes y rompe la barrera del silencio. La sucesión acompasada de sonidos y silencios crean la armonía. Los poetas estudiamos cómo hacer música con las palabras sin perder el sentido de la expresión que deseamos comunicar, porque por muy buen hacedor de versos que seamos no por eso logramos ser poetas. La poesía no se hace, nace, y nace del más profundo diálogo interno, aquél que sólo se nos revela cuando somos más sinceros nosotros mismos en nuestras cualidades más humanas. La única palabra que podría representar la poesía (ábrase la discusión con los filósofos) es: Verdad.
 
3.    Y si la poesía fuera un país, ¿cómo lo representarías según tu punto de sentir, de vivir la poesía?
 
No puedo dejar de responder esta pregunta desde la subjetividad. La poesía me sabe a selva, a selva húmeda del trópico. [Insértese aquí el país que a eso sepa]
 
4. ¿Si un buen lector te recitara un poema en una lengua que no conoces, podrías entender de lo que iba?
 
Sí, completamente sí. Siempre y cuando en ese poema exista buena musicalidad.  No es un secreto mi distanciamiento con el inglés, por ejemplo, pero no puedo prescindir de la vorágine de emociones que me asalta cuando escucho a Bob Dylan. Algo parecido me pasó cuando escuché recitar a un alemán un poema de Celan. La música es, sin duda, uno de los lenguajes más universales.
 
5. ¿Cada poema de verso libre tiene su propio ritmo o sea el ritmo que le dio su escritor o este ritmo se lo da el sonido y la música del alma de quien lo recita? ¿O es una mezcla de las dos cosas a la vez?
 
Hay poetas que son muy rígidos en su técnica y orientan al lector con pautas para que ejecute bien su lectura. Por ejemplo, pausas que se ven marcadas por la terminación del verso, de la estrofa, de los signos de puntuación, y/o uso de mayúsculas. Otros poetas, sin embargo, son muy libres y apuntan encabalgamientos abruptos, ausencias de signos de puntuación y empleo sólo de minúsculas que dotan de una gran libertad al lector para leerlo como él guste. Hay lectores que no atienden estas pautas y pueden ser considerados malos lectores aun cuando (con ironía) le den mejor musicalidad al poema que el propio escritor. La verdad es que más allá de lo prescriptivistas que podamos resultar, cada lectura es un poema nuevo, y cuando pasa a la voz de otra persona ya no sólo habla la voz del autor sino también la voz de quien lo lee. Es un juego de espejos, como decía Octavio Paz.
 
6. Tú cuando recitas un poema de verso libre, ¿qué es lo que te indica recitar un poema de una cierta forma y no de otra?
 
La verdad es que siempre trato de respetar las pautas de lectura que me da el escritor y sentir el poema para no dar una entonación artificiosa, pero cuando llego a romper una pauta de lectura y me gusta más de esa forma, lo leo así, y le pido perdón al poeta desde mis adentros; pero caray, cada quién lo lee como le gusta. Las múltiples lecturas (y con esto también me refiero a las interpretaciones) lejos de degradar el poema terminan por seguirle dando vida.
 
7.          ¿Cuándo escribiste tu primer poema? ¿Cuál fue la sensación que te provocó el acto de escribir poesía?
 
La verdad no recuerdo si fue el primer poema, pero sí me acuerdo de uno que hice de niño después de escuchar una canción de Silvio Rodríguez. La sensación, seré muy breve, fue liberadora. Después un tanto vergonzosa, ya que era horrible y mi “logro” no me cegó del todo.
 
8.          Cuando escribes poemas, ¿cuáles son los ritmos que se producen entre tú y la poesía?    
En mí se produce un estado de excitación por un lado y de bloqueo por otro. Al igual que cada lectura reviste al poema de un halo nuevo, cada escritura es un “volver a empezar”. No importa los poemas que hayas escrito antes, uno llega con la misma incertidumbre y uno vuelve a ver, digámoslo así, de cara al mismo tigre. Tal vez ese cabalgar, siendo jinete y a la vez caballo, es el ritmo provocado entre la poesía y yo.
 
9.          En una entrevista en la que recitas poemas de poetas que te han influenciado, mencionas la armonía rítmica. ¿Cómo se produce esta armonía rítmica en la poesía de verso libre? O sea, ¿cuáles son las características que la definen?
 
El verso libre, y lo digo, aunque suene muy trillado, se conoce como el menos libre de los versos. Rubén Bonifaz Nuño niega que sea una anárquica sucesión de versos dispuestos a capricho del escritor.  Según él, es la combinación libre de pies latinos, aunque, y lo digo con todo el respeto que merece la autoridad del maestro Rubén, creo que su concepción se apega mucho a los modelos latinos. Lo cierto es que un verso, así sea libre, sí debe contener un porqué de su conformación, casi siempre basado en aspectos fónicos (muy variados) y algunas veces semánticos. Pero si esto no sucede, estamos ante una prosa disfrazada en versos.
 
10. ¿Cuándo escribes poesía hay algún estado que te favorece?
 
Sí, la tristeza, el dolor, la melancolía, la nostalgia. Sin embargo, por una razón un tanto rara, he querido escribir desde el sosiego, el remanso, la paz y el amor. Sobre todo, del amor, aunque me parece que es el tema más recurrente, y por eso mismo más complicado. Además, hablar de los lindes más puros de nuestra alma sin caer en los lugares comunes ni en el dogmatismo panfletario no es cosa sencilla. Uno empieza por querer cantar al estilo de Whitman y termina pareciéndose a Coelho. 
 
11.  Puesto que eres también fotógrafo quisiera preguntarte cuál es la relación entre poesía y fotografía.
 
Ambas constituyen toda mi vida: tienen ritmo, expresión, manifestación, cuentan historias… No quiero sonar muy romántico, pero las dos me han dado todo. A una consagré mi vida; a la otra la exploto en el ámbito comercial. He sacrificado a una por la otra, y me llena de tristeza ser tan ingrato con la fotografía, porque también en ella encuentro la zarza que arde.
 
 
12. ¿Cuáles son los poetas que sientes que te impregnaron de su poesía? ¿Cuáles son las características de cada uno de estos poetas que llaman tu atención?
 
Mencionaré algunos poetas que me han dejado mucho aprendizaje y enumeraré algunas breves cualidades que no dejan de sorprenderme: De Rubén Darío su musicalidad, su perfección; de Octavio Paz y Sor Juana su intelecto; de Antonio Machado la añoranza y calidez, de Pellicer la contemplación y sinceridad, de José Carlos Becerra las evocaciones nostálgicas. Amo la perspicacia de Quevedo y de Salvador Novo así como la estética cotidiana que sólo Blanca Varela y Fabio Morábito pueden tener. De Carmen Nozal admiro su sensibilidad humana; y de Jorge Cafrune, también de José Alfredo, aquella humildad y sencillez de la que bañaron la lírica popular desde la pampa argentina hasta las sierras mexicanas. No me bastaría (como diría Cortázar) dos pliegos de papel avión, pero quiero mencionar a la Mistral, a Neruda, a Pablo de Rokha, a Rosario Castellanos, a Raúl Gómez Jattin, Natalia Toledo, Lope de Vega y por supuesto a Lorca. Se me van muchos yo lo sé, y que me perdonen José Gorostiza, Owen, Asunción Silva, Martín Rodríguez Arellano, Roberto López Moreno, Hugo Gutiérrez Vega, Derek Walcott, T.S. Eliot, Baudelaire y Nizar Qabbani por ponerlos al final; pero no son menos importantes para mí, al igual que otros que, por falta de espacio, no pude mencionar.
 
 
 
 
SELECCIÓN DE POEMAS DE EDUARDO SERDIO
 
 
 
ÉGLOGA I
 
A Garcilaso de la Vega
 
Igual la pluma pesa que’l arado,
igual la pluma pesa, mi Señor,
dolores y quebrantos me ha costado
nacer de la palabra y ser pastor,
mas padre nuestro que’stás en el cielo
¿Por qué es tan doloroso dar amor?
Opté por la riqueza del anhelo
y la del cuerpo siempre desdeñé
opté por la riqueza de tu cielo
y en versos comprendí lo que’s la fe
cogiendo mi labor quedome solo
mas siempre a ti mi vida yo entregué,
no dejes que mi canto cante solo
observa a tu guerrero ya vencido
que Venus como a Marte vence a Apolo
no quiero de Sabrina ser olvido.
Que sepa de su origen todo hombre
Y que Atenea envidie su linaje
¿Habrá mujer hermosa que no asombre
y al hombre no lo exhorte con coraje?
Del río Savern, ninfa fue nacida,
le dio su nombre el agua más salvaje
le dio su nombre el agua más la vida
por eso no hay gallardo que la vea
sin que produzca en él profunda herida,
salvaje y mítica es cual semidea,
peligro es su belleza femenina,
mayor que la de aquella Galatea,
que en el pastor Salicio grave ruina
causó con sus bellos ojos de dolores,
pues muerte a mí condena hoy Sabrina
por haber nacido en casa de pastores.
De nada sirve el sueño, padre mío
que otorgas a mis manos de tortura
¿Será que estoy cansado de ser río,
De disolverme siempre con natura?
¿Será que no sabía los dolores
al pretender tener un alma pura?
¿Será que no sabía los dolores
que tus divinas causas dado han?
¿Será que no sabía que pastores
de soledades vienen y a ellas van?
No quiero que contestes de mi duelo
la causa, ni si a mí amor darán,
no quiero que le brindes a mi vuelo
las alas, ni me quites el dolor,
mas padre nuestro que’stás en el cielo
¿Por qué es tan doloroso dar amor?
 
 
Un simple poema
 
I
 
Qué abrupto es entrar en un poema
diciendo: me duele el hígado;
yo nunca pensé escribir algo así,
pero de’veras me duele
y algo tan trivial como la enfermedad
la rutina o el cansancio
también son puertas de poesía.
 
Las obras son como nuestros hijos
—lo decía Cervantes—
por eso a mí me hubiera gustado
llenar ésta de cisnes en el lenguaje,
cortar los versos de tal forma
que la diosa de flujo se viera absorta
por el ritmo de las sílabas mecidas.
Es cierto, el poema se hace con palabras,
pero también es cierto que abundan los poemas sin poesía
y la poesía no está en el conteo presuroso
ni las rimas, ni en formas posmodernas.
La poesía está en algo tan trivial
como la enfermedad, la rutina,
o el cansancio.
 
II
 
Hasta que empezó a dolerme el hígado
pude darme cuenta de que existía,
y de que algo tan simple
podría ser más importante que cualquier cosa.
Lo mismo me pasó con las flores
los libros, los perros, las nubes
y dos o tres novias de la adolescencia.
 
Las flores y los perros me producían alergia,
los libros me los escondían mis papás
por leer en la madrugada,
y las nubes me recuerdan a mi infancia que
como las novias
se han ido
para siempre.
 
 
Cartografía lunar
 
Para la flor de la canela
 
Se vuelve mi manera de soñarte
pequeña buganvilia en el desierto. 
 
Se vuelve una manera de cantarte
la flor apiñonada entre naranjos.
 
Y así, de pronto, me encontré buscando
en todos los espejos
para hallar en tu carne de mujer
los restos de mi máscara tirada.
 
Cuéntame de tu infancia, Carolina
reúne todos mis pedazos rotos
que te quiero escuchar
hablar del viejo Cuzco y de los Incas,
de los hijos del Sol y de la Habana.
Pues tus lunares
han formado un nombre de varón
y es el mío
 
Yo hablaré de la luna en occidente,
al llegar el alba, día con día,
te cantaré en tzotzil un canto nuevo
y beberé pozol desde tus labios. 
Pues mis lunares
han formado un nombre de mujer
y es el tuyo.
 
 
 
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