Santa Rabia Magazine presenta una selección de poemas del joven poeta costarricense Byron Ramírez (San José, 1997). Cursa la licenciatura de Filología española en la Universidad de Costa Rica, donde también realiza estudios en Filosofía. Se ha desempeñado como editor literario para instituciones como Editorial Estudiantil UCR, CulturaCR.net, Casa-Palabra y Editorial Nueva York Poetry Press. Ha participado en diversos festivales de poesía como el XVI Festival Internacional de Poesía de Costa Rica y el Festival Nacional de poesía en Turrialba, Costa Rica 2019. En el 2017 fue ganador del Certamen de Poesía joven organizado por la embajada de Estados Unidos en Costa Rica y en el 2018 obtuvo el primer lugar en el Certamen Nacional de Poesía Joven (Certamen Brunca) organizado por la Universidad Nacional Autónoma de Costa Rica en la rama de poesía con su libro Principio de Incertidumbre, posteriormente publicado en el 2018 bajo el título de Entropías en Estados Unidos.
 
 
POÉTICA
 
No busco esa pureza.
(El lenguaje mata)
No se busca lo imposible.
 
Escapo de lo que la boca acepta. Apenas.
Pretendo ser yo
lo que huye de sus trampas.
 

DISCONTINUIDADES

Me puse a soñar el poema de la hora.
Vinicius de Moraes

I
Algo así debió ser el futuro:
Venir a nacer a este desierto.
A morir. A cobrar venganza.
 
Has negado tres veces la misma sombra
y ahora me pertenece la pregunta:
¿Venimos a nacer de nuevo
o a soñar que alguna vez nacimos?

II
Ya he encontrado,
has encontrado el centro de mi sendero.
Mi boca no deja de mentir ante el dolor.
Mi carne no deja de culparse ante el espejo.
 
III
Nunca como ahora,
la noche persigue con tanta furia a su amo.
Tres estrellas resucitan en mis palmas.
El tiempo es una casa sin paredes.
 
IV
Algo como esto deberá ser el pasado:
Una gota que asciende. Un grito que calla.
Un país sin territorios.
 
 
VALLADOLID

Pues, atropina y belladona
tomando, triste, alguna vez,
igual que tú, miraré frío,
e igual que tú, «sufre» diré.

Boris Pasternak

Esta nostalgia es un espejo más
en el templo de San Pablo
al que solo tienen acceso los infieles de la memoria;
los que no perdonaron nunca los relojes ni los días.
 
Esta ciudad no conoce la tenue lucha
del alma que se defiende
del cuerpo que la encierra
entre cuatro paredes de ese mundo frío.
 
Sus calles y ventanas
son nidos de gárgolas antiguas,
acertijos de una noche sin amo,
nunca descrita en libros;
el perdón de un idioma ideal para el pecado.
 
Valladolid no conoce
el leve amanecer de su garganta,
ese amargo roce de la distancia que levita
sobre sus aceras,
como un viejo caminante sin camino.
 
De esa nostalgia solo algunos enterados
aprendieron a cómo salir ilesos,
sin un ayer carcomiendo sus talones,
sin un futuro recio atormentando sus ternuras.
 
La iglesia permanece cerrada esta tarde:
Una voz en su interior
insiste en blasfemar
contra las horas.
 

EPITAFIOS

La noche es larga pero ya ha pasado.
Vicente Aleixandre

I
Hay un sinfín de cosas rotas que uno no puede nombrar
sin desmoronarse.
Hay un sinfín de cosas rotas de las que uno no puede escapar sin ligaduras.
 
II
Aunque hubiera existido una mirada capaz de apaciguar aquella desolación,
de igual manera su voz
estaría como ahora, mimetizada con el viento.
 
III
Tal vez pudo ser, pero no. Aquí yace la última noche.
Aquí yace una estrofa sin música del gran poema.
 
IV
Alguien llora. Aquí yace una espina del universo.
 
 
SAN JOSÉ
 
Nos hemos detenido a escuchar,
acabado el mundo,
el eco de las últimas saetas.
¡Cuánto humo! ¿Cuánta sangre para esto?
 
Tierra de máscara y palomas;
hasta ti hemos llegado.
Se desangran dos últimos versos en la calle
y una música sin cauce
simula ángeles en gritos:
¿Cuánto se de ti?
¿Cómo te llamas
ahora que te encuentro?
 
Yo sé.
Esta contemplación no otorga
esencia a la palabra.
El último poeta lo sabía,
ahora entre los árboles
aquella hoguera permanece;
monumento de su ausencia.
 
Yo sé. La fuga, el tiempo, las avispas.
Yo sé. Toda máscara y palomas
esta ciudad en la que uno es tan solo lo que espera:
un silencio predilecto para el llanto
y lo demás tu cuerpo suspendido a media boca
y lo demás el sueño,
noche a noche,
tumulto de calles sin salida.
 
 
ALTAMAR
 
Apago la última lámpara del universo.
Ahora sí:
tenemos todo el océano para nosotros.
 
 
ACTIO

a H. López.
Vivo fue la polvareda de cosmos en el poema
Mario Payeras
 
Célula de raíz. Glóbulo rojo.
Engranaje de sentido.
Esqueleto de la razón sin coraza.
 
Gluglú entre cuatro paredes de la historia:
Digo araña y nos recorren sus ochos patas los oídos.
Digo escalofríos y se nos eriza el lenguaje.
Digo alba y amanece.
Digo virus y tiembla el sistema inmunológico.
Digo fuego y los pájaros huyen.
 
Palabra; polvo léxico, epifanía.
Gota. Anestesia local. Pecado y milagro.
Una hipótesis de la creación en un solo Eureka: Palabra.
Marea. Neurona. Bosque sin salida.
Troya desnuda en brazos de Alejandro.
La capital en esa fotografía            volátil, inútil.
Palabra. Palabra, y nosotros sus esclavos,                 
dioses a la deriva, caminando sobre sus aguas.
 
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